“En este preciso momento, mientras te sientas, te relajas y te dispones a leer este libro, te estás moviendo a una velocidad increíble. La Tierra gira sobre su eje, transportándonos a través de la inexorable marcha del tiempo de un día para otro; y al mismo tiempo órbita alrededor del Sol, desplazándose a través de los cambios de las estaciones”.
Hemos llegado sin sentir a los helados dominios de Vejecia, a ese invierno de la vida sin retorno vernal, con sus honores y horrores, según decía Gracián. El tiempo empuja tan solapadamente con el fluir sempiterno de los días, que apenas reparamos en que, distanciados de los contemporáneos, nos encontramos solos en plena supervivencia.
“Durante muchos años afirmé que podía recordar cosas que había visto en el instante de mi nacimiento. Cuando decía eso, los mayores, al principio, se reían; pero luego se preguntaban si intentaba burlarme de ellos, y miraban con desagrado la pálida cara de aquel niño tan poco infantil.
Su larga carrera le había enseñado que no había asesinos, sino personas que cometen asesinatos”. Kurt Wallander
“Se había convertido en un acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos años. Al llegar el paquete, lo abrió y le quitó el papel de regalo. Acto seguido, cogió el teléfono y marcó el número de un ex comisario de la policía criminal que, tras jubilarse, se había ido a vivir a orillas del lago Siljan. Los dos hombres no sólo tenían la misma edad, sino que habían nacido el mismo día, lo cual, teniendo en cuenta las circunstancias, sólo podía considerarse una ironía.
Comenta el dicho popular que, en Cuba, el que no tiene de Congo, tiene de carabalí. En el ajiaco de la nacionalidad los pueblos africanos son un ingrediente primordial, pero poco sabemos de esa, nuestra otra madre tierra.
“Un álbum de fotos bajo el brazo era todo su equipaje, Ana Manso aceptó el ofrecimiento, se aferró al brazo de aquel hombre como al último salvavidas del Titanic y subió a sus quince primaveras. Sobre una rastra, detenida por unos minutos al borde de la carretera, fue donde ofreció su primera caricia oral a la entrepierna de un camionero. Quizá por eso su obsesión con los perfumes, porque el olor desabrido de la simiente del hombre quedaría impreso para siempre en su larguísima y fina nariz.”
La Habana, la Ciudad de las Columnas, para Alejo Carpentier; la Ciudad de las Sábanas Blancas, para Gerardo Alfonso; la Capital de Todos los Cubanos, para el habla oficial; y Ciudad Maravillosa, según una encuesta popular realizada por la Unesco, es la urbe en la que viven casi dos millones de personas en 726 kilómetros cuadrados. Sobre esta ciudad trata el libro que traigo hoy a la columna, “La Habana. Ciudad Antigua” de Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, publicada por la Editorial Letras Cubanas en 1988.
“Fue el 15 de junio de 1767 cuando Cósimo Piovasco de Rondó, mi hermano, se sentó por última vez entre nosotros. Lo recuerdo como si fuera hoy. Estábamos en el comedor de nuestra villa de Ombrosa, las ventanas enmarcaban las espesas ramas de la gran encima del parque.
Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos.
Bajo el título Jugando con Lili, la robot curiosa, las doctoras en ciencias Yailé Caballero Mota, de la Universidad de Camagüey, y Miriela Escobedo Nicot, de la Universidad de Oriente, acaban de publicar una obra que apuesta por el acercamiento desde edades tempranas a las tecnologías.
El periodista y escritor cubano Manuel Juan Somoza presentó vía Internet su nueva novela, «Conmoción en la Catedral», cuya publicación en formato digital estuvo a cargo de Ruth Editorial.
Los seguidores habituales de esta columna se habrán percatado de mi gusto por las novelas históricas, es realmente un género literario que sigo con devoción. Hoy comentaré la obra, “Un día de cólera”, del escritor español Arturo Pérez-Reverte, publicada en el año 2007 por la editorial Alfaguara, y que describe los acontecimientos del dos de mayo de 1808 y los fusilamientos de esa misma noche.
“Si algo lo irritaba sobremanera, si algo lo predisponía a la violencia y el homicidio, era que se intentara hacerle creer cosas. ¡Ah! Su entorno se teñía entonces de rojo, rojo fuego, rojo hierro, llamaradas vibrantes y Moisés en el centro, enloquecido con cuernos y cola, una sierpe, un basilisco, un dragón, el diablo en el infierno.
Hace pocos días llamó mi atención la portada de un pequeño libro por su diseño; Carta del fin del mundo del escritor español José Manuel Fajardo. Ese detalle bastó para que comenzará su lectura, y es la propuesta que traigo esta semana a la columna.
Hace pocos días la televisión cubana programó la película Perfume, basada en la novela histórica homónima del escritor alemán Patrick Süskind. Ese hecho dio pie a que la reseña de esta semana la dedicara a esa novela. Esa obra conmovió al mundo editorial al ser publicada a mediados de la década de los 80.
Miguel Díaz-Canel, Primer Secretario del Partido y Presidente de la República de Cuba, y otras altas autoridades del país, firmaron el Libro de Condolencias abierto en homenaje a los héroes y mártires de Cuba y Venezuela que ofrendaron sus vidas en defensa de la soberanía de la hermana nación bolivariana.
En estos días de asueto, decidí leer un libro que esperaba por mí hacía un tiempo, Imperio, del investigador y escritor italiano Valerio Massimo Manfredi. El volumen es una colección de cuentos, publicada en el año 2022. La preferencia que tengo por este tipo de literatura se debe a que cuando uno va leyendo disfruta de diversas temáticas, escenarios y personajes dentro de un mismo libro. Sin más, ahí vamos.
Allí estábamos yo, Alex, y mis tres drugo, Pete, Georgie y lerdo, porque Lerdo es realmente lerdo, sentados en el bar lácteo Korova, aclarando los rasudoque para saber qué podríamos hacer ea noche, en un ivierno flip, oscuro, helado y cabrón, aunque seco. Así comienza la obra literaria que escogí para la columna de esta sean, se trata de La naranja mecánica, del escritor británico Anthony Burgees.
En un mundo donde la ciberseguridad ocupa una parte del tiempo de tecnólogos, militares y políticos. Obras literarias que aborden esta área, ayudan a que a población gane conciencia sobre algo de lo que depende la vida de la sociedad contemporánea.
En una sociedad donde la fascinación por la inteligencia artificial y los misterios del cerebro se acrecientan por día, la obra Los dragones del Edén: Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana, del astrofísico y divulgador científico Carl Sagan, escrita en 1977, es una lectura necesaria. La obra no solo es un hito en la divulgación científica, sino también una exploración poética y rigurosa de cómo la mente humana emergió de millones de años de evolución. A este texto dedicaré la columna de hoy.