El próximo 2 de octubre cerca de 156 millones y medio de brasileños tendrán la posibilidad real de darle un vuelco al país, en el instante de depositar su voto en las urnas para elegir al nuevo presidente del gigante sudamericano.

Doce son los aspirantes a la jefatura del Estado, pero es ya una realidad indiscutible que la contienda clave tendrá lugar entre el actual inquilino de Planalto, el ex militar Jair Bolsonaro, y Luís Ignacio Lula da Silva, nominado por el Partido de los Trabajadores y con un historial político de larga data y no menos buen desempeño en sus responsabilidades.

Esa historia incluye el ejercicio de la presidencia nacional, que concluyó con una arrolladora preferencia pública superior al 80 por ciento, todo un record en la historia latinoamericana.

Duelo trascendente

A partir de las repetidas encuestas realizadas desde hace meses en Brasil, sería el candidato popular Luís Ignacio Lula da Silva el de mayor apoyo para acceder a la presidencia nacional en el cercano octubre.

De todas formas, para decretar un vencedor es indispensable que el candidato acumule más de la mitad de las boletas, y por tanto habrá que esperar al conteo para decretar el final, o el acudir a una segunda vuelta.

Por la derecha Jair Bolsonaro aspira a reelegirse, a pesar de uno de los peores desempeños en la historia presidencial brasileña, y de sus abiertas amenazas contra el sistema eleccionario en el empeño por adelantar pretextos para no reconocer el posible triunfo de la oposición.

En pocas palabras: se trata aún de un camino donde las definiciones se harán esperar.

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