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Antonio Maceo Grajales y Ernesto Guevara de La Serna simbolizan la expresión del pensamiento y el quehacer revolucionario en las luchas de liberación.

A estas existencias hermanadas en heroísmo y grandeza, el tiempo las hizo coincidir en una misma fecha de épocas distintas.

El 14 de junio de 1845 nació en Santiago de Cuba, el Titán de Bronce, y 83 años después, en Rosario, Argentina, el Guerrillero Heroico.

La coincidencia en el natalicio los unió en sus trayectorias, en la fe inquebrantable en la victoria, en la intransigencia, en la proyección internacionalista y en el antiimperialismo. La invasión mambisa del 95 y la del Ejército Rebelde los enfrentó a tropas enemigas superiores en recursos y fuerzas.

El arrollador de la fuerza revolucionaria

Para hombres como Antonio Maceo y Ernesto Guevara no hubo emboscada ni cerco capaz de detener el arrollador avance de la fuerza revolucionaria. La tea incendiaria fue sustituida por la destrucción de caminos, el machete mambí por el fusil internacionalista.

Cuando Cuba sea independiente, decía el Titán de Bronce, solicitaré al gobierno que se constituya permiso para pedir la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando enclavada esa posición de América.

Cuando la Revolución cubana triunfó, el Che escribió: otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos.

Esas dos figuras de nuestra historia, Maceo y Che, marcharon por una misma senda de ideales de libertad y justicia. Evocarlas es resistirse a perder los mejores valores de la esencia humana.