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La frase Madre hay una sola parece privativa de la especie humana, pues en muchas ocasiones se obvia que la naturaleza ofrece innumerables ejemplos del más abnegado instinto maternal.

En un ambiente donde predomina la irracionalidad y el salvajismo, también podemos encontrar algunas hembras que cuidan con extrema dedicación a sus hijos.

Unas son capaces de sacrificar partes de su cuerpo por sus crías, mientras que otras los mantienen bien cerca durante años, en un esfuerzo por lograr la supervivencia de sus retoños.

Una de las madres más sacrificadas del mundo es la hembra del pulpo, invertebrado que puede poner hasta 200 mil huevos y cuidarlos durante 40 días hasta que estos se abren. En ese lapso, el animal es incapaz de abandonar su puesto de guardia, de ahí que opte por comerse uno de sus tentáculos con el fin de mantener el hambre a raya.

22 meses en el vientre

Las hembras de la familia de los licósidos, también conocidas como arañas lobo, alojan en sus cuerpos lo más parecido a una guardería portátil, pues fabrican un saco esférico para sus huevos que transportan colgando del extremo posterior e inferior del abdomen.

Una vez que los huevos se rompen, cargan a las crías sobre el abdomen hasta que los pequeños realizan su primera muda. La mamá osa polar, por su parte, suele parir en medio del invierno.

Como no puede alimentarse, debe sacrificar su propia reserva de energía para dar de comer a su pequeño, pues si abandona el lugar en las primeras semanas, la cría muere.

Los elefantes no solo son los mamíferos terrestres más grandes del mundo, sino que también tienen el período de gestación más largo dentro de esta especie, al llevar a su descendencia durante 22 meses en el vientre. Sus crías pueden pesar 100 kilos.

El amor de una madre

Dejar a su cría sola en medio de la sabana africana, puede no parecer el gesto más amoroso del mundo de la mamá gacela; sin embargo, lo que está haciendo es llamando la atención de cualquier predador sobre sí misma para alejarlo de su retoño.

Para sobrevivir en campo abierto, estos animales deben estar muy atentos todo el tiempo y no duermen más de una hora al día. Los bebés gorilas, por su parte, necesitan mamar al menos cada hora hasta que tienen cuatro o cinco meses.

Sin embargo, después del año, las mamás nunca dejan que los pequeños se alejen a más de cinco metros. El amor maternal en el reino animal lo demuestra con creces la foca de Groenlandia, pues amamanta a su cría durante 12 días sin comer.

La leche de esos animales posee 60% de grasa y es tan nutritiva que ella pierde hasta tres kilos de peso por día.