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Carlos del Porto Blanco

“Estaba amarrada con correas de cuero en una estrecha litera de estructura de acero. El correaje le oprimía el tórax. Se hallaba boca arriba. Tenía las manos esposadas a la altura de los muslos.”

“Hacía tiempo que había desistido de todo intento de soltarse. Se encontraba despierta, pero con los ojos cerrados. Si los abriera solo vería oscuridad; la única luz existente era un tímido rayo que se filtraba por encima de la puerta. Tenía mal sabor de boca y ansiaba lavarse los dientes.”

Así comienza la segunda entrega de la saga Millenium del escritor sueco Stieg Larsson, titulada “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, ya comenté “Los hombres que no amaban a las mujeres” la primera parte, puede ser consultada en: https://www.radioreloj.cu/enfoque/resena-los-hombres-que-no-amaban-a-las-mujeres/ .

No existen los inocentes. Sin embargo, sí existen diferentes grados de responsabilidad. Stieg Larsson, La chica que jugaba con fuego.

El escritor, periodista Karl Stig-Erland “Stieg” Larsson, nació en Skelleftehamn, Västerbotten, Suecia el 15 de agosto de 1954 y murió repentinamente de un ataque cardíaco en Estocolmo, el 9 de noviembre de 2004, días después de entregar a su editor el tercer volumen de la trilogía Millennium.

Larsson fue muy reconocido como experto en los grupos de extrema derecha. Participó a mediados de los ochenta en la fundación del proyecto antiviolencia Stop de Racism, al que siguió en 1995 la Expo Fundation, de cuya revista Expo fue director. Luchador plenamente comprometido contra todo tipo de violencia escribió varios libros de investigación periodística acerca de los grupos nazis de su país y las oscuras conexiones entre la extrema derecha y el poder político y financiero. Gran lector y entusiasta del género negro y la ciencia ficción, escribía por las noches, prácticamente en secreto.

Lisbeth Salander se ha tomado un tiempo: necesita apartarse del foco de atención y salir de Estocolmo. Trata de seguir una férrea disciplina y no contestar a las llamadas ni a los mensajes de Mikael, que no entiende por qué ha desaparecido de su vida sin dar ningún tipo de explicación. Lisbeth se cura las heridas de amor en soledad, aunque intente distraer el desencanto mediante el estudio de las matemáticas y con ciertos placeres en una playa del Caribe.

¿Y Mikael? El gran héroe vive buenos momentos en Millennium, con las finanzas de la revista saneadas y el reconocimiento profesional por parte de los colegas. Ahora tiene entre manos un reportaje apasionante sobre el tráfico y la prostitución de mujeres procedentes de Europa del Este que le ha propuesto Dag Svensson, periodista de investigación, y su mujer, la criminóloga e investigadora de género Mia Bergman.

Las vidas de los dos protagonistas parecen haberse separado por completo, pero entretanto… una muchacha, atada a una cama, soporta un día tras otro las horribles visitas de un ser despreciable y, sin decir palabra, sueña con una cerilla y un bidón de gasolina, con la forma de provocar el fuego que acabe con todo.

Con una novela que busca trascender los rótulos comunes de la literatura moderna, para posicionarse, no sin esfuerzo, en los límites de las narraciones épicas, Stieg Larsson continúa a las hazañas de Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander en la segunda entrega de la serie Millennium.

“La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” es a grandes rasgos el puente que une la primera novela Los hombres que no amaban a las mujeres y el resto de la saga de Millennium, un puente que evidentemente no fue nada fácil de construir, lo que se evidencia en el análisis de cada una de sus partes.

La primera parte de esta secuela, titulada Ecuaciones Irregulares, se considera por algunos críticos la parte más incierta de la novela. Larsson hace una pormenorizada relación de los hechos que siguieron a la conclusión de la primera novela. Se conoce que pasó con Lisbeth Salander y con Mikael Blomkvist, luego de la explosión mediática por el caso Wenneström.

La segunda parte (From Russia with Love) sienta las bases de lo que será el conflicto central de la novela. Es a partir de la tercera parte (Ecuaciones Absurdas) que toma impulso la novela. A partir de este punto el escritor, de manera magistral conduce el hilo argumental, dejando al lector, casi que literalmente, colgado del techo. En una trama muy bien escrita y mejor editada, el autor nos pone en el lugar de los personajes de la historia: Lisbeth Salander está desaparecida y es acusada de la muerte de tres personas. El autor no nos dice si es inocente o culpable (y de paso yo tampoco), solo nos presenta los hechos y nos deja decidir.

La última parte (Terminator Mode) es el as bajo la manga de Larsson, donde, a diferencia de la anterior novela, prepara y abona muy bien el terreno para la continuación de la saga. Es destacable lo tremendamente impactantes que son los personajes de Larsson. Todos producen una reacción, a algunos los entendemos, a otros los criticamos, a otros los amamos, a otros los odiamos, pero no hay ninguno que no genere al menos una emoción en el lector.

La novela queda en punta para la siguiente entrega, que es la última escrita por Larsson, antes de su muerte en 2004 y que promete más de los personajes favoritos del público. A buscarla.