Por Marilys Suárez Moreno
Porque fuimos jóvenes e inconvenientes, tuvimos inquietudes, impaciencias, desconciertos, sueños y el sagrado derecho a decidir por cuenta propia nuestros destinos, no nos gusta escuchar a aquellos que para referirse a grupos de muchachos indisciplinados o socialmente desviados, generalicen contra la juventud y despotriquen contra sus gustos, conductas y lenguaje, con la consabida frase de la juventud está perdida, sin percatarse que tal sentencia lastima por su crueldad a un buen estudiante o a una joven trabajadora.
Jóvenes que por sus condiciones y comportamiento enriquecen su accionar ante la sociedad y ante sí mismos. Traemos el tema a propósito de dos aniversarios, el de la Organización de Pioneros José Martí y la Unión de Jóvenes Comunistas.
Los más chicos encienden 65 velitas y la muchachada de la UJC arriba a sus 64 años.
La vida en el porvenir
Jóvenes fuimos y copiamos moda e inventamos sueños. Hoy lo son nuestros hijos, la generación que da el paso al frente, convencido de su protagonismo. Jóvenes eran los que fueron a Angola y los que liquidaron la invasión mercenaria de Playa Girón o en la Crisis de Octubre se hicieron gigantes. Jóvenes fueron Martí, Maceo; también Villena, Mella y José Antonio Echeverría, Frank País, Raúl y Fidel.
Ninguno de ellos pensó que podía perder la vida y se dieron de lleno a la lucha, anclados en la herencia familiar e identificados con nuestro legado patriótico.
Hoy, los jóvenes ponen música a la existencia desde los más disimiles espacios estudiantiles, laborales, científicos, deportivos, artísticos.
Rebeldes por naturaleza, sensibles, inconformes y combativos, como somos los cubanos, les guían propósitos, preocupaciones sociales y criterios propios en correspondencia con su época, pero conscientes de su futuro.