La Habana, Cuba. – Entre los días 18 de noviembre y 2 de diciembre se celebra el Festival Habana Clásica en su quinta edición. Esta vez ha estado dedicado a la figura del flautista cubano Roberto Ondina (7 de junio de 1904 – 1 de julio de 1964).

La musicóloga cubana Miriam Escudero, plantea en las notas del programa que cuando buscaba las razones espirituales para presentar esta edición del Festival, leyó una sentencia de la sabia Luscinda, un personaje de Miguel de Cervantes, en la que esta decía: “La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu.” Ese es el propósito restaurador de esta temporada de conciertos, danza y escena en la capital cubana.

En esta ocasión se dan cita en La Habana más de 60 artistas y agrupaciones, extranjeras y cubanas, que representa a 18 naciones (Alemania, Canadá, Cuba, Estados Unidos, Francia, Italia, Líbano, Mali, México, Países Bajos, Paraguay, Polonia, Reino Unido, Siria, Suecia, Suiza y Túnez). Este festival se propone propiciar un encuentro entre las culturas clásicas de Oriente y Occidente.

La edición que nos convoca se propuso que cada sede del Centro Histórico de la Ciudad procurará que los programas fuesen como una exposición transitoria que combinara los canónicos occidentales con los repertorios femeninos de Fanny Mendelssohn, Mel Bonis, Layale Chaker y la ítalo–cubana Mónica Marziota, que alternan con el sirio Kinan Azmeh, el venezolano Paul Desenne o el cubano Ernesto Oliva. El Museo Nacional de Bellas Artes acogió los conciertos de músicas clásicas de las culturas árabes norafricanas y de Mali, nutrientes fundamentales de la historia de la música, que no puede explicarse sin eas fuentes y prácticas primarias de canto y narrativa.

El Programa del día 30 de noviembre en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, estuvo conformado por las siguientes obras: el trío Soir el Matin, opus 76 para flauta, violonchelo y piano del francés Mel Bonis; el nocturno en re bemol mayor, opus 27 número 2, para dos flautas y piano del polaco Frédérick Chopin; el trío en la menor, opus 114, para flauta, violonchelo y piano del alemán Johannes Brahms; el andante y rondo, opus 25, para dos flautas y piano del alemán Franz Doppler; la sonata para piccolo y piano del húngaro Levente Gy ngyösi y el trío en do menor, opus 8 número 1, para flauta, violonchelo y piano del ruso Dimitri Shostakóvich.

Las piezas fueron interpretadas por músicos cubanos, suizos, franceses e italianos que iban conformando las diferentes agrupaciones.

Fue una muy linda velada con una música que ayudó a sobreponerse de las duras realidades que enfrentamos acá y allende los mares.