Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición

Salvador Allende Gossens

La Habana, Cuba. – Hace unas semanas se conmemoró el 50 aniversario del golpe de estado contra el presidente chileno Salvador Allende Gossens. Recordé como recibimos la noticia por el sistema de audio centralizado que entonces tenía la Escuela Vocacional Lenin. Éste llegaba a cada cubículo, aula y todos los pasillos del plantel docente. Yo estaba en octavo grado, éramos muy jóvenes, pero supimos aquilatar la gravedad del acontecimiento.

Pocos meses antes Allende había estado en La Habana, el día de su llegada lo vi pasar a unos tres metros de mí, cuando la caravana en que viajaba pasó por la intersección de las calles Paseo y Calzada rumbo a Malecón para dar la vuelta y subir al Palacio de la Revolución. Se estaba dando un baño de pueblo desde que se bajó del avión en el aeropuerto José Martí. A Allende se le quería en Cuba, yo era un niño, pero lo percibí.

Tengo dos recuerdos de ese tiempo relacionados con Allende, las últimas frases de su discurso en la Plaza de la Revolución cuando visitó Cuba y la descripción casi cinematográfica que hizo Fidel de lo ocurrido en el Golpe, en el discurso por el aniversario de los CDR el día 28 de septiembre. Ese acto paralizó al país, toda la población estaba pendiente de los radios y los televisores. Así fue la impronta que Allende dejó en Cuba.

Este fue el final del discurso del presidente en La Habana el 13 de diciembre de 1972, cuya última oración caló muy hondo en mí ese día. “Cuando los pueblos sean Gobierno; cuando las masas populares -y no será tarde- adquieran la dimensión de su fuerza; cuando el campesino sepa que le entrega el pan, y el minero la riqueza, cuando la mujer de este continente se canse de llorar, reclamando alimento para sus hijos, cuando América sienta el llamado de la historia entonces hablaremos el lenguaje común, y entonces estará presente en la plenitud de sus derechos el pueblo revolucionario que con el machete en la mano desbrozó la maleza imperialista para levantar la caña fresca y duce de la amistad latinoamericana” .

El libro “Grandes alamedas el combate del presidente Allende” del periodista y escritor argentino – cubano Jorge Timossi, editado por la Editorial Ciencias Sociales en mayo de 1974 fue un suceso de ventas en Cuba. A ese texto le dedicaré la columna de hoy. El libro recoge los primeros testimonios, hoy en día se conocen muchos más detalles de los hechos, del combate librado por el presidente Allende y el Grupo de Amigos del Presidente, GAP, contra las fuerzas de la reacción y el fascismo que atacaron el Palacio de la Moneda, sede del poder ejecutivo del estado chileno, en la mañana del martes 11 de septiembre de 1973.

Además del relato de quienes fueron partícipes o estuvieron vinculados de manera directa a aquellos dramáticos acontecimientos, y de la visión personal del autor, el libro se completa con dos documentos de extraordinario valor: el discurso pronunciado por Fidel en el acto de solidaridad con el pueblo de Chile y de homenaje póstumo al presidente Salvador Allende, ya mencionado, y la elocución de Allende transmitida por Radio Magallanes el 11 de septiembre de 1973.

Timossi dice en el Preliminar que Éste es un libro de un combate y que en forma deliberada se elude la literatura y está dedicado a perpetuar el ejemplo de su protagonista, con el objetivo de contribuir a la construcción de grandes alamedas por las que transitará la revolución chilena.

Consideró es un texto debe leerse por los jóvenes y debe ser analizado en el sistema educativo cubano, no es hablar del fascismo en abstracto, aquí está la confirmación de que ese fenómeno social, que puja hoy en día por volver a sus anchas en varias tierras.