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La Habana, Cuba. – No ha habido noticia en el saldo de la gira del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, por los países andinos.

La concreción de acuerdos en Colombia, Ecuador y Perú que materializan la anunciada adhesión a Washington de sus recién electos presidentes –algunos de ellos en comicios cuestionados-, cristaliza también las aspiraciones intervencionistas de la administración Trump.

Al formalizar su entrada en el llamado Escudo de las Américas, o concordar en la presencia de las tropas de Estados Unidos en sus países bajo el supuesto de que hay que luchar contra la droga o garantizar la seguridad, esos ejecutivos han suscrito también la intervencionista agenda hemisférica de la Casa Blanca, erigida sobre la satanización de activistas sociales y gobiernos progresistas en la supuesta lucha contra lo que ahora llaman narcoterrorismo, y en presunta defensa de la seguridad nacional estadounidense.

Voces de alerta

Aunque no fueron masivas, lo más notable han sido las expresiones de rechazo y advertencia que suscitaron en movimientos sociales, parlamentarios y partidos progresistas, los compromisos asumidos por sus ejecutivos.

En Colombia y Ecuador, donde ha habido oposición a la presencia de militares estadounidenses, consideraron que los convenios con Washington vulneran la soberanía nacional, sin contar que los colombianos quedan preocupados por un acuerdo para la explotación de recursos naturales y tierras raras que algunos consideran les quita arbitrio sobre sus riquezas.

En Perú, declaraciones anteriores del Secretario de Estado enfiladas contra los convenios comerciales existentes entre ese país y China, pusieron al desnudo el renovado afán devorador del Norte sobre el resto del hemisferio, y fueron respondidas con firmeza por la embajada china: América Latina no es patio trasero.