La Habana, Cuba. – Para muchas personas en Cuba y en el mundo, el paisaje de la capital cubana lo definen El Morro, La Cabaña y el Paseo del Malecón.
De izquierda a derecha, de norte a sur, de noche o de día, el panorama que nos ofrece nuestro esplendente Malecón es fuente permanente de atracción y remanso de paz.
Bordeado de antiguos portales, modernos edificios y viviendas con balcones que se abren al mar, muy deterioradas hoy por el salitre, la desidia y la falta de recursos, valga decirlo, la cinta de azules aguas que se tiene al frente parece renovar su paisaje a la luz de los tiempos y de la ciudad que lo hospeda.
Una Ciudad herida por el deterioro de los años y que, como su emblemático Malecón, deja al descubierto sus muchas cicatrices, sin perder el espíritu ecléctico que la caracteriza.
Una ciudad bordeada por el mar
Recurso siempre a mano de citadinos y personas de paso, ese viejo y pétreo muro que tanto amamos los cubanos, se abre en esplendida línea de mar y cielo a lo largo de seis kilómetros y medio de ancha avenida.
Nacido hace 125 años, durante el periodo de la ocupación militar norteamericana, el Malecón está indisolublemente ligado a la existencia misma de la añeja villa de San Cristóbal de La Habana, que tiene como uno de sus mayores atractivos ser una ciudad bordeada por el mar.
Según escribió en sus históricos apuntes sobre la Ciudad, el Historiador Emilio Roig de Leuchsenring, el Paseo del Malecón fue construido por razones de salubridad y ornato público y no para mejorar el tránsito, como se dijo alguna vez. Como quiera que sea, su construcción embelleció a La Habana.
Un muro a cielo abierto
El primer tramo de lo que también se llamó Avenida del Golfo, se extendía desde el Castillo de La Punta hasta la Calzada de Belascoaín.
Pasaron los años y el Malecón fue extendiéndose desde G y La Punta hasta los muelles, lo que hoy conocemos como Avenida del Puerto.
Por la década del 50 del pasado siglo, la ancha avenida marinera se ensanchó hasta la desembocadura del Almendares. Pasado el siglo y veintitantos años más, el Malecón habanero sigue siendo uno de los sitios más populares y agradables de la capital.
Y aunque hoy muchos de sus tramos sufren de iguales apagones, cuando el calor aprieta, y más los bolsillos, el largo muro siempre está a nuestro alcance. Allí, capitalinos o no, nos hemos besado, amado, roto alguna relación o iniciado otra, porque no hay cosa más emocionante que sentarse en el Malecón.
