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La Habana, Cuba. – Una frase escrita en la pared de una celda acompaña ahora los pensamientos de Andrés, un joven espirituano que, después de cinco años consumiendo marihuana, espera el resultado de un proceso penal por tráfico de drogas o sustancias de efectos similares.

Su historia forma parte de una investigación del Ministerio del Interior en la provincia que permitió actuar contra varias personas de entre 18 y 27 años, algunas de ellas vinculadas tanto al consumo como a la venta de marihuana.

Daniel, por su parte, consumía porque la vida le parecía aburrida y encontró en la droga una supuesta escapatoria a sus dificultades personales, hasta abandonar el trabajo y experimentar condiciones de extrema vulnerabilidad.

También Miguel pasó del consumo ocasional a fumar diariamente y llegó a utilizar el dinero obtenido de la propia comercialización para financiar el hábito.

Las huellas del consumo

Yaneisy Valdés Gutiérrez, especialista en Medicina General y Toxicología, advierte que el THC, principal componente psicoactivo de la marihuana, altera distintas funciones del sistema nervioso central.

Aunque algunos consumidores describen sensaciones de relajación y euforia, la especialista alerta sobre posibles afectaciones respiratorias, cardiovasculares y neurológicas, además de la dependencia y los síntomas de abstinencia.

En las historias de estos jóvenes también aparecen dificultades familiares, períodos de soledad y ausencia de acompañamiento, mientras la investigación policial permitió reconstruir parte de la ruta de la marihuana desde Las Tunas hasta Sancti Spíritus.

Los nombres utilizados en estas historias fueron cambiados para proteger la identidad de los jóvenes, porque hay caminos que comienzan con una simple experiencia y pueden llevar demasiado lejos.