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Temprano, la maestra Jessica Galindo García alista todo en casa y sale presurosa para la escuela de montaña Juan Domínguez, donde ejerce hace tres años.

En la plazoleta del plantel, ubicado en Santo Domingo, ondea, hermosa, la bandera cubana y se siente la suave briza de las elevaciones que la escoltan. Es ese el instante en que la algarabía infantil sobrepasa los ruidos circundantes. Pero sólo en ese momento, aclara la joven educadora.

Argumenta que al iniciar las clases, el silencio y la disciplina se imponen y los alumnos, absortos, siguen cada palabra instructora. Jessica admite que el proceso docente la hace muy feliz. Ella enseña inglés, y al contrario de lo que antaño le explicaron, sí es una asignatura que atrae a los pequeños serranos granmenses.

Junto a la novel profesora, en lo intrincado de la Sierra Maestra también instruyen logopedas, psicopedagogas e informáticos.

Aulas alejadas

La escuela primaria Juan Domínguez, de la histórica comunidad de Santo Domingo, funge como liceo rector de la pedagogía en las zonas que le rodean.

Señala la joven maestra Jessica Galindo que a los colegios de los caseríos de Brazón, Naranjo y Pueblo Nuevo, van una vez por semana.

Sus colegas Camila y Érika, confirman que para llegar a esos sitios intramontanos hay que recorrer trillos cerrados, cruzar arroyos y evadir resbaladizas pendientes. Indican que hay un maestro para dos o tres alumnos. N0 sustituyen al docente, complementan sus ejercicios, aclaran.

Para Jessica, es una obra de enorme humanismo. Recuerda que sus abuelos narraban el vacío educacional en toda la serranía. Pocos campesinos se alfabetizaron, menos aún seguían una especialización técnica o universitaria, añade. El panorama cambió con el proyecto socialista.

Hoy, centenares de maestros van a las aulas urbanas o rurales.

El maestro serrano

Toda labor pedagógica es exigente, refiere Abelardo Ortiz Uriarte, director general de Educación en Granma. Pero reconoce que el maestro rural, es digno de elogios. Afirma que a las aulas, unen tareas políticas, gubernamentales y productivas.

También se refuerzan los conocimientos de los niños y las habilidades para desempeñarse en la vida serrana. Para la masoense Jessica Galindo García, los maestros son ángeles en las tierras altas. Dice que algunos, juiciosos y empáticos, se convierten en líderes comunitarios.

Asumen gestiones del Poder Popular, son voceros sindicales e interlocutores entre el campesino y los administrativos locales. Como Jessica, centenares de jóvenes trabajan en escuelas serranas.

De ellos, los infantes aprenden historia, geografía, matemáticas y español; y de ecología, trashumancia animal y el folclor montañés.