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Carlos del Porto Blanco

En una sociedad donde la fascinación por la inteligencia artificial y los misterios del cerebro se acrecientan por día, la obra Los dragones del Edén: Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana, del astrofísico y divulgador científico Carl Sagan, escrita en 1977, es una lectura necesaria. La obra no solo es un hito en la divulgación científica, sino también una exploración poética y rigurosa de cómo la mente humana emergió de millones de años de evolución. A este texto dedicaré la columna de hoy.

Somos como mariposas que vuelan durante un día pensando que lo harán para siempre. Carl Sagan

El astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y fundamentalmente un reconocido divulgador científico estadounidense, Carl Edward Sagan, nació en New York, el 9 de noviembre de 1934 y murió en Seattle, Washington, el 20 de diciembre de 1996. Inicialmente fue profesor asociado de la Universidad de Harvard y posteriormente profesor principal de la Universidad de Cornell. En esa última, fue el primer científico en ocupar la Cátedra David Duncan de Astronomía y Ciencias del Espacio, creada en 1976, y además director del Laboratorio de Estudios Planetarios.

Fue un defensor del pensamiento escéptico científico y del método científico, pionero de la exobiología, promotor de la búsqueda de inteligencia extraterrestre a través del proyecto SETI. Impulsó el envío de mensajes a bordo de sondas espaciales, destinados a informar a posibles civilizaciones extraterrestres acerca de la cultura humana. Mediante sus observaciones de la atmósfera de Venus, fue de los primeros científicos en estudiar el efecto invernadero a escala planetaria.

Publicó numerosos artículos científicos, y fue autor, coautor o editor de más de una veintena de libros de divulgación científica. En 1978 ganó el Premio Pulitzer de «Literatura general de no ficción» por el libro que comento hoy. A lo largo de su vida, Sagan recibió numerosos premios y condecoraciones por su labor como comunicador de la ciencia y la cultura. Hoy es considerado uno de los divulgadores de la ciencia más carismáticos e influyentes, gracias a su capacidad de transmitir las ideas científicas y los aspectos culturales al público no especializado con sencillez no exenta de rigor.

Este libro, como muchos de los otros de la autoría de Carl Sagan, es una mezcla de ciencia, mitología y poesía, que invita al lector a explorar el órgano más complejo del universo: el cerebro humano.

Quizás la imagen más recordada de Sagan es con su chaqueta de cuero, frente a la nave Voyager, hablando sobre miles de millones de estrellas y el pálido punto azul que es la Tierra. Pero en Los Dragones del Edén el autor cambia el telescopio por el microscopio y dirige su mirada, no hacia las galaxias, sino hacia el paisaje intrincado y enigmático que reside dentro de nuestro cráneo.

El título del libro es ya una declaración de intenciones. Los «dragones del Edén» es una metáfora de los recuerdos ancestrales y los instintos primitivos que, según Sagan, aún habitan en lo más profundo del cerebro humano, específicamente en el sistema límbico o «el complejo R». Son los vestigios de un pasado remoto, donde la supervivencia del individuo dependía de reacciones rápidas. Sagan teje un relato fascinante que parte de los primeros organismos, pasa por los dinosaurios (los dragones metafóricos) y llega hasta el surgimiento del Homo sapiens, todo para responder a una pregunta fundamental: ¿Cómo el hombre llegó a ser inteligente?

El libro no es un manual técnico de neurociencia, sino lo que el autor llama «especulaciones». Sagan actúa como un guía erudito y entusiasta, tomando de la mano al lector para recorrer las distintas capas del cerebro, explican la teoría del «cerebro triuno» (reptiliano, límbico y neocórtex) de una manera tan vívida que es imposible no maravillarse. Esta teoría popularizada —aunque no creada— por Sagan, está basada en las ideas del neurólogo Paul MacLean. Con elegancia, se muestra cómo la mente racional y creativa (el neocórtex) debe constantemente negociar con esos «dragones» emocionales e impulsivos que heredamos de los lagartos terribles.

Según este modelo, el cerebro humano se compone de tres capas evolutivas superpuestas: el cerebro reptiliano (responsable de instintos básicos como la agresión y la territorialidad), el sistema límbico (asiento de las emociones) y el neocórtex (sede del pensamiento abstracto, el lenguaje y la planificación). Aunque esa teoría ha sido matizada —e incluso cuestionada— por la neurociencia contemporánea, en su momento ofreció una herramienta poderosa para entender la complejidad de la conducta humana desde una perspectiva evolutiva.

A pesar de haber sido publicado en 1977, la actualidad de Los Dragones del Edén se mantiene. Sagan explora temas que hoy son centrales en el debate social y científico: La Inteligencia Artificial: Especula sobre las posibilidades y los límites de crear una mente artificial, con una mezcla de esperanza y cautela que parece predecir los debates actuales sobre la ética de la IA. Los Ciclos de Sueño y los Sueños: Dedica un capítulo completo al fascinante mundo del sueño REM, analizando su posible función en la consolidación de la memoria y la resolución de problemas. La Guerra Nuclear: En plena Guerra Fría, Sagan utiliza su comprensión de la agresión humana innata para lanzar una advertencia poderosa sobre los riesgos de la autodestrucción y La Comunicación con Especies No Humanas: Su pasión por la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) se traslada aquí a un análisis profundo de los intentos por comunicarnos con otras especies inteligentes en la Tierra, como los delfines.

El mayor acierto de Sagan es su habilidad para hacer accesible lo complejo. Sus explicaciones están salpicadas de referencias a la mitología griega, la Biblia, la literatura (desde Shakespeare a Jonathan Swift) y la cultura popular. Ese enfoque interdisciplinario no solo entretiene, sino que enriquece la comprensión, demostrando que la ciencia no está desconectada del arte y la filosofía, sino que es otra forma de contar la historia humana.

Los Dragones del Edén no es solo un libro de ciencia; es una experiencia intelectual. Es una invitación a la humildad, al recordar que el ser humano es el producto de una evolución larga y azarosa, y que el futuro de la humanidad depende de que parte racional del Hombre logre domar a los dragones que aún llevamos dentro. El texto culmina con el siguiente párrafo: “Somos una civilización científica -ha dicho Jacb Bronowski-, Eso significa una civilización en la que el saber y su integridad son factores cruciales. Ciencia no es más que una palabra latina que significa conocimiento… nuestro destino es el conocimiento”.

 

Si usted busca un viaje estimulante, poético y profundo sobre los misterios de la conciencia, guiado por uno de los mejores comunicadores científicos de la historia, entonces este libro es una lectura esencial. Un clásico que, décadas después, conserva intacto su poder para inspirar asombro. Pero más allá de la ciencia, lo que distingue a Carl Sagan es su habilidad para convertir datos duros en poesía. Describe el cerebro como “un universo en miniatura”, con 100 mil millones de neuronas que forman un número de conexiones mayor que las estrellas de la Vía Láctea. Su prosa, lúcida y llena de asombro, invita al lector no solo a comprender, sino a maravillarse.

Culminó con la valoración que hizo Issac Asimov de esta obra, “Carl Sagan posee el toque del rey Midas. Nunca había leído hasta ahora un relato tan interesante y cautivador sobre el tema de la inteligencia humana”.

El libro puede ser descargado en: http://www.fis.puc.cl/~jalfaro/astrobiologia/apoyo/Sagan__Carl_-_Los_dragones_del_Eden.pdf