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Por Oscar Ferrer

Manuel Navarro Luna, poeta, periodista y revolucionario, fue uno de los más constantes y valientes bardos sociales de Cuba y América Latina, y una personalidad de la literatura de nuestro país. Nació en Jovellanos, Matanzas, el 29 de agosto de 1894.

La muerte de su padre obligó a la humilde familia a trasladarse a Manzanillo, donde el joven creció en un ambiente de dificultades económicas y con el ejemplo de su madre, Martina Luna, que ejerció el magisterio durante ocho décadas y vivió más de un siglo.

Desde niño, Manuel Navarro Luna trabajó en oficios diversos para ayudar a los suyos, y fue limpiabotas, barbero, vendedor de periódicos y buzo.

Después de aprender las primeras letras con su progenitora, asistió a una pequeña escuela pública, pero tuvo una formación autodidacta y leyó con voracidad y sin tregua. Incursionó en la música y luego se hizo procurador.

Labor poética

Como procurador público, Manuel Navarro Luna fue acusador en la causa contra el asesino del líder obrero Jesús Menéndez. Muy joven comenzó a escribir y publicó sus primeros versos en las revistas Penachos y Orto.

En 1929 ingresó en Defensa Obrera Internacional y luego en el Partido Comunista; sus luchas políticas lo llevaron varias veces a prisión. Dirigió diarios como La Montaña y La Defensa, y fue un gran animador cultural.

Hombre de exquisita sensibilidad humana, modesto y sencillo, cultivó en sus tres libros iniciales una delicada poesía intimista, pero luego rompió con esa línea y dio a conocer Surco, una obra de poemas genuinamente vanguardistas.

Manuel Navarro Luna, quien dedicó su vida a la poesía, a la militancia partidista y a la Revolución, falleció en La Habana, hace 60 años, el 15 de junio de 1966.