Por eficiencia en la interpretación de proyectos y sus habilidades para materializarlos, el pailero Rolando Domínguez Leyva ha logrado distinguirse en el duro oficio de domar metales.
Es un operario inteligente y muy útil para la categorización profesional de la Empresa de talleres agropecuarios de Granma, indica el ingeniero Carlos García. Refiere que las manos de este holguinero asentado en Granma hace 43 años, han contribuido en la industrialización de ese sector granmense de los alimentos.
Él ayudó a edificar fábricas de pienso, semillas y bio-plantas, también colosales molinos, secaderos, calderas y silos del arroz, el café y la ganadería.
Porque la misión del diestro pailero Domínguez Leyva, que es conformar, modelar y adaptar los metales según planos precisos, es columna vertebral del entramado productivo de los talleres del ámbito agrícola y pecuario de Granma.
Apreciables detalles
Un taller de transformación de metales es ruidoso, con virutas, grasas, arcos eléctricos y calor. Realmente no es atractivo pero sí funcional.
Dadas esas características, los técnicos de las diversas especialidades que confluyen en el manejo de la metalurgia tienen gran sentido de pertenencia por su oficio. De acuerdo con el pailero Rolando Domínguez, son sitios donde la creación está unida a inventivas, pericias y esfuerzos.
Rememora cuánta satisfacción vivió cuando su brigada concluyó el montaje industrial de los hornos de combustión del molino arrocero de Jucarito, o los silos y la planta para acopiar y beneficiar granos, ambas en tierras granmenses.
Aún hoy, con menos trajines por falta de materias primas y otras logísticas indispensables, el sexagenario prosigue soñando. Se ve, cincel en mano, marcando centenares de pesadas láminas para ensamblajes milimétricos. Su pasión irrenunciable.
Geometría y diseños
La industrialización agropecuaria agregó valor a las producciones cárnicas, lecheras, frutales y de granos de Granma; el rudimentario sistema fue transformándose.
Aparecieron en los campos sólidas fábricas que benefician las cosechas, conservan los productos y humanizan el trabajo. A ese proceso, mucho contribuyó Rolando Domínguez Leyva, pailero “A”, orgulloso de su labor.
Afirma que en la pailería ha aprendido de dimensiones, materiales, tolerancias, uniones y secuencias de elaboración y montajes. En un principio los maestros me hablaban de trigonometría y desarrollo de superficies y comprendía poco, dice.
A estas alturas de su vida laboral es un experto, confiesan sus compañeros y resaltan que en su pañol personal no faltan cinta métrica, rayador, trazadores, escuadra, niveles de burbuja, calibrador y micrómetro. Siempre listo para construir, aseguran.