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El bombardero Northrop Grumman B-2 Spirit (también conocido como el Stealth Bomber o “bombardero furtivo”) es un bombardero estratégico polivalente desarrollado en Estados Unidos por Northrop Corporation con tecnología furtiva de baja visibilidad, capaz de penetrar defensas antiaéreas para desplegar armas tanto convencionales como nucleares. Debido a su considerable costo y gasto de operación, el proyecto de ese avión fue bastante controvertido en el Congreso de los Estados Unidos y entre los miembros del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos durante su desarrollo y puesta en servicio. Entre finales de los años ochenta y principios de los noventa, Estados Unidos tenía planeado adquirir 132 de esos bombarderos. A mediados de los años noventa, el Congreso aprobó finalmente la compra de una flota de solo 21 aviones B-2.

Se trata del avión más caro jamás construido. El coste de fabricación de cada B-2 rondaba los 737 millones de dólares en 1997. Los costos totales de compra del bombardero alcanzaron una media de 929 millones de dólares por avión, incluyendo repuestos, equipamiento, actualizaciones y soporte de software. El costo total del programa, incluyendo gastos de desarrollo, ingeniería y pruebas, se calcula que rondaba los 2200 millones de dólares por avión (en 1997).

La Fuerza Aérea de los Estados Unidos opera 20 bombarderos B-2, pues de los 21 construidos, un avión resultó perdido cuando se accidentó durante un despegue en el año 2008. Aunque originalmente fueron diseñados en los años ochenta para escenarios de operaciones de la Guerra Fría, los B-2 fueron usados en combate en Kosovo a finales de los años 1990, y durante 2008 en las guerras de Irak y Afganistán.

Con una tripulación de dos personas, ese bombardero puede lanzar hasta 80 bombas inteligentes de 230 kilogramos de tipo JDAM, o 16 bombas termonucleares B83 (1100 kilogramos), en una única pasada sobre los objetivos a través de defensas antiaéreas extremadamente densas. Debido a su importancia estratégica, ese avión furtivo ha sido objeto de actividades de espionaje y contraespionaje. Esa aeronave se convierte en un gran espectáculo público cada vez que participa en exhibiciones aéreas desde los años noventa.

Junto con el B-52 Stratofortress y el B-1B Lancer, las fuerzas armadas de los Estados Unidos afirman que el B-2 proporciona la flexibilidad y eficacia de penetración inherentes en los bombarderos de su clase. Tiene un eco de radar pequeño, lo que lo convierte en un avión “invisible”, característica que le permite llegar más lejos en el espacio aéreo enemigo sin ser detectado, incluso con los más modernos sistemas de detección y defensa.

La revolucionaria mezcla entre aerodinámica eficiente, tecnologías de invisibilidad y gran carga de combate hacen que el B-2 tenga importantes ventajas sobre los anteriores bombarderos. Su baja observabilidad en el radar le permite mayor libertad de acción a altas cotas, permitiéndole a su vez poseer un gran radio de acción.

La baja observabilidad del B-2 se obtiene gracias a la combinación de una reducida firma infrarroja, acústica, electromagnética, visual y del radar. Esas características hacen del B-2 un aparato difícil de detectar y fijar para los sistemas defensivos sofisticados. Aunque muchos aspectos de su baja detectabilidad están clasificados, se sabe que usa materiales absorbentes de radar, una pintura especial y un fuselaje en forma de ala volante que contribuyen a su “invisibilidad”. El B-2 lleva dos tripulantes; el piloto se sienta a la izquierda, mientras que a la derecha está el comandante de la misión, comparado con los cuatro tripulantes que necesita el B-1 o los cinco del B-52.

Puede llevar treinta y seis toneladas de bombas con una autonomía de vuelo de 11 100 kilómetros sin reabastecimiento de combustible, está habilitado para realizar actividades a grandes altitudes, lo que le da una gran versatilidad. Posee el sistema de ayuda hacia blancos GATS, usando el GPS y sus bombas JDAM pueden corregir el vuelo hacia el blanco usando el GPS, puede bombardear dieciséis blancos a la vez en un solo vuelo sobre ellos.

Se considera el nuevo resurgimiento del proyecto del Northrop YB-49 de un avión bombardero con diseño de «ala volante» adelantado a su época, pero debido a la aparición de nuevos misiles tácticos con mayor precisión y más económicos, embarcados en submarinos y buques de guerra, esos aviones bombarderos de largo alcance no se construyeron en grandes cantidades y no se continuó su desarrollo de mejoras y producción en serie, debido a su alto costo de producción, costo operativo, mantenimiento, costo de vuelo por hora y función muy específica de atacar objetivos enemigos en caso de una guerra convencional o nuclear.

Referencias