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Carlos del Porto Blanco

Los seguidores habituales de esta columna se habrán percatado de mi gusto por las novelas históricas, es realmente un género literario que sigo con devoción. Hoy comentaré la obra, “Un día de cólera”, del escritor español Arturo Pérez-Reverte, publicada en el año 2007 por la editorial Alfaguara, y que describe los acontecimientos del dos de mayo de 1808 y los fusilamientos de esa misma noche.

Así comienza la novela, “Siete de la mañana y ocho grados en los termómetros de Madrid, escala Réaumur. El sol lleva dos horas por encima del horizonte y desde el otro extremo de la ciudad. Recortando torres y campanarios, ilumina la fachada de piedra blanca del palacio de Oriente. Llovió por la noche y aún quedan charcos en la plaza. Bajo las ruedas y los cascos de los caballos de tres carruajes de camino, vacíos, que acaban de situarse ante la puerta del Príncipe”.

Desdeñaron su interés sin ocuparse más que de la injuria recibida. Se indignaron con la afrenta y se sublevaron ante nuestra fuerza, corriendo a las armas. Los españoles en masa se condujeron como un hombre con honor. Napoleón Bonaparte, citado por Les Cases. Memorial de Santa Helena.

En su primera página se aclara que el relato no es ficción ni libro de Historia. Tampoco tiene un protagonista concreto, pues fueron innumerables los hombres y mujeres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Héroes y cobardes, víctimas y verdugos, la Historia retuvo los nombres de buena parte de ellos: las relaciones de muertos y heridos, los informes militares, las memorias escritas por actores principales o secundarios de la tragedia, aportan datos rigurosos para el historiador y ponen límites a la imaginación del novelista. Cuantas personas y lugares aparecen aquí son auténticos, así como los sucesos narrados y muchas de las palabras que se pronuncian.

En “Un día de cólera”, Pérez-Reverte convierte en historia colectiva las pequeñas y oscuras historias particulares registradas en archivos y libros. Lo imaginado, por tanto, se reduce a la argamasa narrativa que une las piezas. Con las licencias mínimas que la palabra novela justifica, estas páginas pretenden devolver la vida a quienes durante doscientos años solo han sido personajes anónimos en grabados y lienzos contemporáneos, o escueta relación de nombres en los documentos oficiales.

Para escribir el texto el escritor se basó en documentos históricos militares y políticos en inglés, francés y en español, y en relatos narrados por José Matoal Chico, que fue testigo. En el libro se detalla con gran exactitud los acontecimientos de ese día, en el cual el pueblo español se rebela contra Napoleón y su ejército. Describe las matanzas realizadas en las calles de Madrid y los ciudadanos combatiendo al ejército invasor. El autor mueve unos 350 personajes, todos reales, que entran y salen de la narración dando forma al pueblo y a la ciudad de Madrid, protagonistas de la novela. La atención se centra en unos cuantos personajes que adquieren mayor visibilidad, como los capitanes Daoiz y Velarde.

El escritor, periodista y académico español Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez, nació en Cartagena, Murcia, España, el 25 de noviembre de 1951. Es académico de número de la Real Academia Española desde 2003. Desde muy joven fue reportero de prensa escrita, radio y televisión cubriendo conflictos bélicos por todo el mundo, como la guerra de Eritrea, la del Líbano, la de las Malvinas, Chad, Nicaragua y El Salvador.

Desde 1991 publica cada domingo una página de opinión en XL Semanal que se distribuye con 25 diarios diferentes en España. Su primera novela, «El húsar», se publicó en 1986 y, desde entonces, su producción literaria no ha dejado de crecer. Sus libros se han traducido a más de 40 idiomas y ha ganado varios galardones.

Sus mayores éxitos literarios los ha alcanzado con la trilogía de Falcó y la saga Las aventuras del capitán Diego Alatriste Alatriste, que se ha convertido en un personaje con entidad propia y que cuenta con legiones de seguidores, siempre a la espera de una nueva aventura. Ingresó en la Real Academia de la Lengua en 2003, en el sillón de la T mayúscula.

«El mejor ejército del mundo es un español cabreado y con un fusil». Esa frase, puesta en boca del héroe del libro, el capitán Pedro Velarde, resume de manera magistral lo que va a ser la trama de la novela. Y la mecha de esa lucha estuvo en Madrid, con un levantamiento popular que nadie esperaba. Brutal, sin organización ni apoyo de los altos estamentos ni del ejército, salvo las muy honrosas excepciones de los capitanes Daoiz y Velarde, el teniente Ruiz, algunos mandos menores y soldados que osaron desobedecer las órdenes de no atacar a ningún miembro del ejército francés.

La novela narra lo sucedido desde las primeras horas de aquel 2 de mayo hasta los ignominiosos fusilamientos en la madrugada del día 3. Un personaje nos conduce por todos los escenarios: la concentración popular frente al Palacio Real para que no se llevasen al infante Don Francisco de Paula, que acabó disuelta a cañonazos; la Puerta del Sol, abarrotada de gente que aguantó la carga de los mamelucos casi sólo con sus manos; la Puerta de Toledo y sus calles adyacentes, intentando frenar el ataque de los coraceros. Y, sobre todo, la gesta que no debe ser olvidada del Cuartel de Monteleón. Esta obra es un relato, mezcla entre periodístico e histórico, que emociona y llega a erizar la piel, así debe ser contada la historia, con pasión.

La acción se va desarrollando en forma de ola, desde las primeras horas de aquel 2 de Mayo, en el que ya se masticaba en el ambiente la tensión y el que algo se preparaba, hasta que la revuelta estalla con toda su crueldad, manteniendo un hilo de tensión constante que sólo cae tristemente en la tarde, la noche, la madrugada y el aplastamiento de los rebeldes por parte del ejército francés. Impresionan por su realismo y crudeza las escenas, casi fotográficas, de la carga de los mamelucos en la Puerta del Sol, donde se congregan cientos de madrileños dispuestos a partirse la cara y el pecho contra quien sea. El pueblo de Madrid desarmado, con sólo navajas, aperos de labranza o las tijeras de sus quehaceres, lanzándose contra soldados armados hasta los dientes y a galope de caballo. Echándose bajo las patas de los animales para hacerlos caer, destriparles, conseguir que el jinete quede a su merced para masacrarlo.

Reverte va cambiando de un escenario a otro, manteniendo una tensión de la que el lector no puede sustraerse y que se va desbordando a medida que avanza la mañana del 2 de Mayo. Intercala anécdotas, descripciones, pequeños guiños de humor para darte un respiro puntual entre unas y otras. Usando un lenguaje ágil, intenso, tan próximo que parece estar viendo lo que sucede y hasta oliendo la pólvora, nos sumerge dentro de esa marea que está cubriendo a la capital española. Un acierto del libro es la inclusión de un mapa de la situación de Madrid en 1808, esto ayuda sobre todo a los lectores que no habitan en esa ciudad a seguir los acontecimientos.

La llegada de la tarde es el final de la ola y toda la narración se cubre de una tristeza infinita. La madrugada se va a cobrar más de cuatrocientas muertes en los famosos fusilamientos de la montaña de Príncipe Pío. La leyenda cuenta que Goya, terriblemente impresionado por esos hechos, tuvo que pintarlos inmediatamente para no olvidar ni un sólo detalle, pero lo cierto es que tardó casi seis años en plasmar ese horror en su obra inmortal.

Entre los hechos sorprendentes que ocurrieron en ese día se cuenta la del grupo de presos que se amotinaron y pidieron ir a luchar, el oficial al frente de la cárcel ante la situación creada pide hablar con uno de los líderes del alzamiento. Éste le plantea que irán a combatir y después se reincorporarían a las celdas. Sin muchas opciones, el oficial los deja marchar. El parte que se emitió al día siguiente fue el siguiente:

Presos: 94

Se negaron a salir: 38

Salieron: 56

Muertos: 1

Heridos: 1

Desaparecidos (que se dan por muertos): 2

Prófugos: 1

Regresaron: 51

Lamentable, como siempre ocurre, mientras en las calles y plazas madrileñas hombres, mujeres e incluso niños enfrentaban al más poderoso ejército del mundo sin armas, en determinados barrios «pudientes» de la capital no sucedió nada en absoluto. La “chusma”, los desposeídos, los descamisados, fueron los que pusieron el pecho a las balas y los sables franceses. Al final, siempre es Lucha de Clases.