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Carlos del Porto Blanco

“Robert Cohn fue campeón de boxeo de peso medio de la universidad de Princeton. No se crea que esto me impresiona gran cosa, como título deportivo, aunque significó mucho para Cohn. No le interesaba nada el boxeo —de hecho, le tenía aversión—, pero lo aprendió penosa y cuidadosamente para contrarrestar el sentimiento de inferioridad, timidez y recato que había experimentado al ser tratado en Princeton como judío. Sentía cierta satisfacción al saber que podía derribar a cualquiera que le hiciese un ademán despreciativo, aunque, siendo muy tímido y un muchacho extremadamente gentil, nunca peleó fuera del gimnasio. Fue el alumno predilecto de Araña Kelly. Este enseñó a todos sus discípulos a boxear como peso pluma, no importándole que pesasen ciento o doscientas cinco libras. Ello le vino de perlas a Cohn, pues ganó en agilidad y en rapidez. Fue tan bueno que Araña pronto lo venció y le aplastó la nariz para siempre. Por esta razón aumentó la aversión que Cohn sentía por el boxeo, pero le dio cierta extraña satisfacción e hizo que mejorara su nariz. En su último año de Princeton, leyó demasiado y empezó a usar anteojos. Nunca encontré a uno de su clase que se acordara de él, ni siquiera de que había sido campeón de boxeo de peso medio”. Este largo párrafo es el comienzo de la novela Fiesta del escritor estadounidense Ernest Hemingway, la escogida para la reseña de esta semana.

No hay amigo más leal que un libro. Ernest Hemingway

El escritor y periodista estadounidense Ernest Miller Hemingway, nació en Oak Park, Illinois, Estados Unidos, el 21 de julio de 1899 y murió en Ketchum, Idaho, Estados Unidos, el 2 de julio de 1961. Fue uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX.

Su estilo sobrio—que él denominó la teoría del iceberg—tuvo una gran influencia sobre la ficción del siglo XX, mientras que su vida de aventuras y su imagen pública le trajeron la admiración de las generaciones posteriores. Hemingway escribió la mayor parte de su obra entre mediados de la década de 1920 y mediados de la década de 1950. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa. Publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos, dos ensayos y una obra de teatro. Póstumamente se publicaron tres novelas, cuatro libros de cuentos y tres ensayos. Muchos de ellos son considerados clásicos de la literatura de Estados Unidos.

Las habilidades adquiridas por el autor gracias a su trabajo como periodista modelaron en gran medida el estilo narrativo de este escritor estadounidense, galardonado en 1954 con el Premio Nobel de Literatura. Él mismo comparó la estructura de sus relatos y novelas con la de los icebergs: lo que hay en la superficie es sólo una milésima parte de lo que la obra, como el iceberg, esconde.

La «teoría del iceberg» se perfila ya desde Fiesta, la primera novela de Hemingway. La obra trata precisamente de la fiesta española, más concretamente de los Sanfermines. Un grupo de expatriados americanos y británicos residentes en París viajan a Pamplona para abandonarse al jolgorio de siete días de encierros, corridas de toros, alegría y mucho, mucho vino. Por eso, hubo críticos que entendieron la obra como una simple «oda al hedonismo» (crítica que motivó que Hemingway quitara la palabra «fiesta» del título). Otros leyeron la obra precisamente como una crítica satírica a este disoluto modo de vida, mientras que el propio autor se refirió a ella como una «tragedia».

Como ocurre en todas las obras de arte no se puede entresacar un único significado de la lectura de Fiesta. En lo que la crítica sí parece coincidir es en que la novela refleja el espíritu de la llamada Generación Pérdida. Y es que todos los personajes de la novela parecen no saber quiénes son ni cómo encontrarse a sí mismos: las mujeres se visten y comportan como hombres, los hombres son borregos que viven al son del cencerro de las mujeres… Se aprecian los estragos de la Primera Guerra Mundial -que Hemingway vivió en carne propia como conductor de ambulancia-, en la que las trincheras condicionaron un nuevo modo de luchar: ya no existe el cuerpo a cuerpo y, desaparecido el heroísmo de la batalla, sólo quedan el miedo y el dolor de ver morir a tus amigos, cubiertos de barro, a unos pocos centímetros de ti.

Al tratar temas como los cambios en los roles masculino y femenino, las dificultades para definir la propia orientación sexual o el trauma de la posguerra, Ernest Hemingway se vale -entre otros- del poderosísimo símbolo de la tauromaquia. Así, el torero, encarnación de la virilidad de la que la guerra ha despojado al narrador, parece erigirse como el héroe de la novela.

El texto tiene marcadas coincidencias con lo que pocos años más tarde se denominará “existencialismo”. El protagonista, Jake, entenderá que la incontestable verdad de la vida es la muerte y la única escapatoria, vivir el momento en toda su intensidad y peligro

La aparente intrascendencia del argumento encierra una carga de profundidad tremendamente significativa que interesa todas y cada una de las vigas maestras que conformarán la estructura literaria de sus novelas. Jake debe enfrentarse a una vida marcada, traumatizada, por la herida de guerra que le privó de su hombría, y algo similar le ocurre a Frederic en Adiós a las armas, o a Santiago en El viejo y el mar.

Todos ellos, como Harry en el Kilimanjaro o Francis Macomber cazando, tienen un estigma que marca sus vidas. Es ese “vacío existencial” la auténtica marca de agua en todas las creaciones literarias de Hemingway. En un desesperado intento por superarlo, sus héroes (tal vez sea más acertado llamarles anti-héroes) se enfrentarán a “situaciones límite”, ya sea corriendo encierros, luchando en una guerra o intentando pescar el más fiero pez imaginado.

La novela puede ser descargada en: https://www.colonialtours.com/ebook/ebooks/Hemingway-Ernest-Fiesta.pdf

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