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La Habana, Cuba. – Más que una advertencia, la aseveración del presidente Donald Trump de que se convertirá en el señor veto si los demócratas ganan el Congreso es su aceptación de que probablemente así ocurra.

Las elecciones legislativas del martes, conocidas también como de medio mandato porque tienen lugar justo en la mitad de la gestión presidencial, están precedidas de decisiones que le han ganado el rechazo de un 60%, según los sondeos.

La guerra contra Irán en que Trump está empantanado es uno de los sucesos que ha deslucido su imagen, pues la entrada y salida rápida triunfante que pensó fue frustrada por la resistencia de Teherán, sin contar el encarecimiento del petróleo y de la vida provocado por el bloqueo iraní de Ormuz.

De otro lado, el maltrato de su política antinmigrante le ha ganado al Partido Republicano el rechazo de los latinos, muchos de los cuales habían votado por su líder.

Perjuicios a mediano plazo

Pero una victoria demócrata en la Cámara y en el Senado no implicará solo que el Congreso se atraviese en las decisiones del Presidente, o quiera aprobar medidas con las que Trump no esté de acuerdo y por lo cual deba recurrir al veto.

Además, el Presidente pudiera estar más cerca de un proceso de impeachment que le amenazó en dos ocasiones durante su primer mandato.

También falta por ver si su escasa aprobación influye igualmente en la elección de los 15 gobernadores cuyos puestos se renovarán. Pero el perjuicio mayor a mediano plazo es el que la esperada derrota republicana de este martes pueda ocasionar a los aspirantes de ese partido a la presidencia en los comicios de 2028.

Lo peor para ellos sería que el rechazo a una política belicista que no ha priorizado, como Trump anunció, a Estados Unidos, devuelva las riendas del país a las manos de los demócratas.