Puebla es uno de los treinta y un estados que, junto con la Ciudad de México, forman los Estados Unidos Mexicanos. Su capital y ciudad más poblada es Puebla de Zaragoza.
Está ubicado en la región este del país, limitando al norte con Tlaxcala e Hidalgo, al noreste con Veracruz, al sur con Oaxaca, al suroeste con Guerrero y al oeste con Morelos y el estado de México. Fue fundado el 21 de diciembre de 1823.
El estado de Puebla ha sido de gran importancia en la historia de México. Dentro de él se han hallado los restos más antiguos del cultivo de maíz y camotes en la región de Tehuacán; fue el escenario de ciudades prehispánicas tan importantes como Cantona y Cholula. Durante la época virreinal, la ciudad de Puebla llegó a ser la segunda ciudad en importancia de la Nueva España, gracias a su ubicación estratégica entre la Ciudad de México y el puerto de Veracruz.
A finales del siglo XIX, el estado fue uno de los primeros en industrializarse, gracias a la introducción de telares mecánicos que favorecieron el desarrollo de las actividades textiles. A pesar de todo ello, en fechas más recientes, municipios de las regiones Mixteca, de la Sierra Norte y de la Sierra Negra se han convertido en expulsores netos de población, cuyos destinos principales son la Ciudad de México, y desde hace dos décadas a los Estados Unidos.
Puebla de Zaragoza, situada a la porción central y media del valle poblano sobre 2 mil 200 metros de altitud, es el centro de una de las regiones de clima cálido, templado, con asentamientos humanos muy antiguos en los que hoy es el territorio mexicano. El área donde se encuentra la ciudad posee diferentes eminencias topográficas que la limitan en tres de cuatro extremos. Al norte se localiza el acueyametepec, hoy conocido como Loreto y Guadalupe; al este el cerro de amalucan conocido como el tepoxuchil que marca el extremo oeste de Tepeaca, seguido de los cerros de la calera, las navajas y finalmente el chiquihuite. Al oeste el cerro centepec hoy San Juan, al extremo sur, en suave pendiente. Se abre el valle de Atlixco y Valsequillo.
El valle de Tehuacán, que se caracteriza por ser una región seca y con pocos recursos para la supervivencia humana, fue en los más antiguos tiempos de la ocupación humana en Puebla uno de los sitios más importantes. Durante la etapa lítica, que comienza con la llegada del hombre a México (alrededor del año 30000 a. n. e.) y concluye hacia el 7000 a. n. e., con los primeros indicios de agricultura, el valle de Tehuacán fue el escenario del desarrollo de un grupo humano que con el tiempo habría de convertirse en uno de los primeros cultivadores del maíz en Mesoamérica.
Los indicios más antiguos de la presencia humana en Puebla provienen de El Riego, fechados con carbono 14 en el año 20000 a. n. e. Los ocupantes de El Riego empleaban una tecnología lítica muy simple, en la que la falta de puntas de proyectil es característica. Las herramientas estaban orientadas a la actividad recolectora y el procesamiento de vegetales, así como el aprovechamiento de pequeñas especies animales.
Durante los siguientes horizontes de la etapa lítica, en el cenolítico y el protoneolítico, tuvo lugar en la región de Tehuacan el desarrollo de la agricultura del maíz. Recientes investigaciones han puesto en duda que la domesticación de ese cereal haya tenido lugar en México, y apuntan a que se trata de un cultivo de los Andes peruanos. Si esto es cierto, se puede decir que los ocupantes del valle de Tehuacán tuvieron muy tempranos contactos con Sudamérica. De lo contrario, la región seguiría siendo el sitio donde se han encontrado los restos más antiguos de la agricultura del maíz, fechados entre el año 6500 a. n. e. y 2500 a. n. e.
Los vestigios hallados son pequeños jilotes (canutos de maíz) fosilizados encontrados en varias cuevas de las sierras que rodean Tehuacán, así como herramientas de piedra asociadas a su procesamiento, como el metate. Los sitios en donde se han encontrado estas evidencias conforman lo que se denomina «Complejo Coxcatlán», que es el nombre de su sitio más representativo.
Durante el período Preclásico Temprano, el valle de Tehuacán también fue uno de los escenarios donde primero se desarrolló la cerámica mesoamericana. La cerámica es tomada por los arqueólogos que estudian Mesoamérica como un rasgo definitorio de la vida sedentaria. Quizá el más antiguo de todos los asentamientos humanos en México es Ajalpan, también en el valle de Tehuacán, donde se ha encontrado una estructura circular de piedra, fechada en el año 3000 a. n. e. En ese sitio también se descubrieron restos de tecomates (recipientes de barro con forma casi esférica) que han sido fechados en el año 2300 a. n. e., unos ciento cincuenta años más tarde que la primera cerámica de Puerto Marqués, en la costa de Guerrero.
Hacia el final de esa primera parte del Preclásico, Tehuacán pasaría a convertirse en una región periférica del área Centro de México. En lo que hoy es el territorio poblano, el valle de Puebla-Tlaxcala se convirtió entonces en una región de suma importancia, siempre ligada con las grandes ciudades del valle de México.
Hacia el siglo XII a. n. e., en el valle de Puebla surgió un complejo de poblaciones agrícolas que estaban integradas en una amplia red de intercambio comercial dominada por los olmecas. Entre ellas estaban Amalucan, Totimehuacan, Las Bocas y Cholula. Esa última se habría de convertir con el tiempo en la protagonista de la historia precolombina de la cuenca alta del río Atoyac.
Durante el período Clásico fue una importante aliada de Teotihuacan, y al declive de ella, Cholula vivió una de sus épocas de mayor apogeo. Competía por aquel tiempo con Cantona, una ciudad localizada en el valle de Oriental. Mientras tanto, en el sur, Acatlán se convertía en uno de los centros más importantes de la cultura Ñuiñe, dedicado al comercio de la cochinilla y otros productos de la Mixteca Baja. Cerca del siglo VII, en la sierra Norte de Puebla floreció Yohualichán, una ciudad relacionada con la cultura totonaca de El Tajín, a la que su arquitectura imita.
Con la caída de Teotihuacan, ocurrida en el siglo VIII, la región del valle de Puebla vio una de las épocas de mayor esplendor de Cholula, la vieja ciudad de Quetzalcóatl. Sin embargo, esa ciudad, que llegó a ser una de las más grandes de Mesoamérica fue abandonada por la mayor parte de sus pobladores. En cambio, en la Sierra Madre Oriental, Cantona tomaba el relevo como una de las grandes ciudades del epiclásico mesoamericano. Cantona competía con El Tajín y sus estados satélites (como la misma Yohualichán) por el control de las rutas comerciales del golfo de México. Hacia el siglo X de nuestra era, Cantona declinó como la mayor parte de los centros regionales del epiclásico. Un siglo más tarde, los migrantes chichimecas que venían del norte poblaron nuevamente Cholula.
Durante ese nuevo período de ocupación humana, Cholula se convirtió nuevamente en una de las ciudades más importantes de Mesoamérica. Por ello, recibió el nombre de Tollan-Chollollan, que la elevaba al mismo rango que tuvieron la Tula histórica y Teotihuacan. Según algunas interpretaciones del códice Nuttall, Cholula pudo ser la gran aliada nahua del señor Ocho Venado, el señor mixteco que en el siglo XI emprendió una campaña de conquistas en el Mixtecapan.
Aunque no fue independiente de los grandes centros de poder del valle de México, Cholula ocupó un papel muy importante en la política del período Posclásico de Mesoamérica. Fue una aliada importante de los mexicas en el valle de Puebla-Tlaxcala, lo mismo que Huejotzingo. Por ello, cuando los españoles llegaron a México, Cholula fue el escenario de una masacre perpetrada por los recién llegados y sus aliados tlaxcaltecas y zempoaltecas.
Los españoles llegaron a las costas del Golfo de México en 1519. La condición de sometimiento de varios pueblos indígenas de Mesoamérica al poder del Estado mexicano propició el establecimiento de varias alianzas entre los recién llegados y los nativos. Los totonacas de Cempoala (actualmente en Veracruz) fueron uno de los primeros pueblos en aliarse a los españoles, viendo en ellos una posibilidad de liberarse del dominio de la Triple Alianza.
A partir de ahí, los españoles penetraron hacia el Altiplano a través de la Sierra Norte de Puebla, siendo los primeros europeos que la cruzaron, haciendo paradas en Zautla e Ixtacamaxtitlán, para llegar al valle de Puebla-Tlaxcala, donde los tlaxcaltecas usaron a los otomíes de Tecóac como una primera línea de defensa. Viendo que los otomíes fueron incapaces de detener el avance de los españoles y sus aliados de la costa norte del Golfo, los gobernantes de la República de Tlaxcala decidieron aliarse con los recién llegados, también como un medio de deshacerse del yugo mexica.
El 18 de octubre, los españoles y sus aliados indígenas atacaron la ciudad de Cholula. Los tlaxcaltecas pretextaban que esa intervención fue en respuesta al asesinato de un enviado suyo a la ciudad, para pedirles que se unieran a ellos y a los españoles. Sin embargo, las versiones recogidas por otros textos de autoría no tlaxcalteca apuntan a que fueron éstos los que azuzaron a los españoles contra Cholula y Huejotzinco, a los que consideraban aliados de los tenochcas y por tanto, enemigos de los tlaxcaltecas.
Los españoles avanzaron por el valle Poblano-Tlaxcalteca con rumbo al poniente por la región de Huexotzinco, de donde llegaron al punto que se conoce en la actualidad como Paso de Cortés, en la Sierra Nevada. De ahí siguieron México-Tenochtitlan, de donde fueron expulsados por Cuitláhuac el 30 de junio de 1520. Ayudados por los indígenas, los invasores se refugiaron en Tlaxcala desde donde atacaron algunas poblaciones con presencia mexica o aliadas a Tenochtitlan, entre ellas Huexotzinco, Tepeaca, Itzocan y Cuauhquechollan.
En Tepeaca, Cortés estableció una población española, y el poblado indígena tomó el nombre de «Segura de la Frontera» en 1520. Posteriormente, los habitantes de esos pueblos terminarían por aliarse a los españoles en la campaña final contra los mexicas y en otras campañas de conquista. Por ejemplo, la gente de Cuauhquechollan acompañó a Pedro de Alvarado en su travesía a Guatemala.
De modo alterno a la conquista militar española, en Nueva España se realizó una activa cristianización de los pueblos nativos. De hecho, una de las razones que sirvieron para justificar la ocupación española de América fue la expansión de la religión cristiana entre los nativos. En el territorio de Puebla penetraron primero los franciscanos, que acompañaron a los expedicionarios españoles en Nueva España durante los primeros años después de la caída de Tenochtitlan.
Después de consumada la conquista española de México-Tenochtitlan, en el territorio de Puebla tuvo lugar el reparto de dominios para los españoles y la asignación de encomiendas de indios a quienes participaron en la Conquista. Pero dados los privilegios que se concedieron a Tlaxcala, las poblaciones de la región del valle Poblano-Tlaxcalteca fueron protegidas por un estatuto especial de autogobierno indígena, por lo menos nominal.
De acuerdo con lo convenido, las poblaciones tlaxcaltecas quedaron libres, y se pusieron restricciones al establecimiento de españoles en esas regiones, aunque ello no impidió que de hecho hubiese españoles que acosaran a los tlaxcaltecas obligándolos a trabajar para los conquistadores. Ante la situación de las relaciones tensas entre españoles e indígenas que privaba en el valle, la Segunda Audiencia de la Nueva España concedió el permiso para poblar la región de Tlaxcala con españoles.
La nueva población española, fundada como Puebla de los Ángeles el 16 de abril de 1531, se estableció en una región que, de acuerdo con la leyenda, fue señalado por los ángeles a Julián Garcés, obispo de Tlaxcala. Sin embargo, es posible que fueran los franciscanos de Tlaxcala, entre ellos Toribio de Benavente —conocido como Motolinía, que en náhuatl quiere decir El que se aflige— los que eligieron el sitio donde se levantó la nueva población española.
La posición estratégica de Puebla entre el valle de México y la costa del golfo de México jugó un papel importante en el desarrollo de la historia virreinal poblana. La ciudad de Puebla se convirtió en paso obligado del comercio entre la capital novohispana y el puerto de Veracruz; este último era el punto por el que se realizaba el mayor tráfico comercial entre la Nueva España y su metrópoli. De acuerdo con los reportes enviados por el oidor especial, Juan Salmerón, la nueva población estaba prosperando rápidamente, atrayendo también pobladores indígenas y a una buena parte de los recién llegados al virreinato.
El éxito de Puebla implicó enfrentamientos con los encomenderos, que veían amenazados futuros repartimientos de tierras y mano de obra indígena. El éxito de la población fue argumento para solicitar al rey de España la abolición de alcabalas, la creación de una encomienda municipal con el pueblo de Totimehuacan, el traslado del obispado de Tlaxcala a Puebla y la creación de una audiencia provincial. Sin embargo, una inundación acabó con la primera fundación de Puebla a orillas del río San Francisco, por lo que se hizo necesario trasladarla a otro sitio más seguro. El traslado de la población no la privó de los privilegios que había obtenido —como la prestación de trabajo por parte de los indígenas del valle de Puebla-Tlaxcala.
En 1532 fue expedida la cédula que elevaba a Puebla a la categoría de ciudad, aunque el documento llegó a la Angelópolis hasta 1533, quizá retenido por las autoridades virreinales en la capital. En ese año la Audiencia nombró un corregidor para Puebla, Tlaxcala y Cholula que sesionaría con un cabildo propio. En julio de 1533, el cabildo de México presentó una queja contra la ciudad de Puebla ante el Consejo de Indias, argumentando que Puebla explotaba a los aliados españoles en la conquista de México —los tlaxcaltecas— y privaba a la capital de los tributos que le debían rendir los indígenas de la región. La demanda exigía concluir con los privilegios para Puebla, lo que ocurrió un año más tarde.
Los fértiles valles de la provincia de Puebla —como Atlixco, Puebla-Tlaxcala e Izúcar— se convirtieron en productores de buena parte de los cereales y otros insumos del campo que se destinaban al consumo de la Ciudad de México y la Angelópolis. La prosperidad de la ciudad de Puebla favoreció la rápida urbanización de esa localidad, que fue embellecida con grandes construcciones civiles y religiosas.
Hacia el siglo XVIII, Puebla era reconocida por la calidad de su trigo y harina. Cientos de molinos se habían establecido en las riberas del Atoyac, y los excedentes de la producción se exportaban a las Antillas y Centroamérica. La cría del ganado lanar coadyuvó al desarrollo de la industria textil, cuya producción era consumida por numerosos obrajes que se convirtieron en pilares de la economía de Nueva España. Otras industrias se desarrollaron paralelamente, como la de las telas de algodón, jabón, sombreros, talabartería, objetos de cobre y hierro y sobre todo, su famosa y reputada cerámica de talavera poblana; industrias que persisten hasta la fecha.
Referencias
- Puebla, Enciclopedia Británica. https://www.britannica.com/place/Puebla-Mexico
- Puebla. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Puebla