La Habana, Cuba. – Desde el balcón de la farola del Morro, La Habana parece una pintura y el mar Caribe inunda la mirada que llega también a la fortaleza del Morro, la Cabaña y el Cristo de la ciudad.

Reconocido símbolo, el faro del Castillo del Morro terminó de construirse en sillería el 21 de junio de 1845, sustituyendo al deteriorado faro de cal y canto que empleaba leña como combustible.

Ubicado a 45 metros de altura sobre el nivel del mar, este ojo avizor tiene un alcance de 18 millas náuticas, emite dos destellos de luz cada 15 segundos y lo remata una cornisa con balaustrada de hierro, base donde descansan la linterna y la cúpula.

Una escalera de caracol de 170 peldaños lleva hasta el faro de La Habana y a su cúpula octogonal de metal con cristales diseñados para guiar buques y aviones.

Tres cosas tiene La Habana

El 30  de abril de 1551, el Cabildo habanero dispuso que al día siguiente se pusieran velas en el Morro, recalcando su posición defensiva de vigilancia.

Doce años después, el gobernador Diego de Mazariegos ordenó alzar una torre de cal y canto desde la cual la vista alcanzaba 8 leguas de distancia y advertía ataques de piratas y corsarios.

En 1764 la torre se empleó como faro, a inicios del siglo XIX comenzó a usarse gas para iluminarlo y luego aceite; la construcción fue derribada en 1844 dando paso a la actual, y el alumbrado eléctrico llegó en 1945.

El faro del Morro es uno de los más de 30 que posee la Isla y una vieja copla dice: tres cosas tiene La Habana que no las tiene Madrid, son el Morro, La Cabaña y ver los barcos venir.