La Habana, Cuba.-  No es un secreto para nadie que la economía nacional es como un mecanismo trabado, que para avanzar tiene complejas dificultades internas.

A esos problemas hay que sumarle también los obstáculos que genera el bloqueo sobre un sistema abierto, muy dependiente de las importaciones y desconectado de las cadenas globales de valor.

Pero los problemas internos son los que están más al alcance de la mano para resolverlos, una intención que guía el proceso de transformaciones que se conoce como Tarea de Ordenamiento.

Las deformaciones estructurales y un entorno monetario inadecuado impiden el desenvolvimiento natural de la economía, que hoy tiene que ser conducida mediante decisiones administrativas. Por eso, hay problemas de gestión, falta de incentivos a los exportadores y desequilibrios macroeconómicos.

No hay fórmula mágica

La urdimbre tejida por la dualidad monetaria y cambiaria tiene expresión en toda la economía nacional, e incluso en las personas, por lo que resulta bien difícil limpiar esas telarañas.

Por eso, las autoridades insisten en que el asunto no es tan sencillo como devaluar una moneda y quitar la otra, pues hay un grupo de complejas interrelaciones.

Tampoco, como suponen algunos, será remedio santo la eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria, una decisión a la que se suman la corrección de las distorsiones existentes en materia de subsidios, precios y tarifas mayoristas y minoristas, así como las pensiones y salarios del sector estatal.

Por eso, por su impacto en todas las esferas de la sociedad, el ordenamiento es un proceso imprescindible para avanzar en la actualización del modelo económico nacional.

FUE UN COMENTARIO DE RAÚL MENCHACA

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