La Habana, Cuba. Y al fin llegó el Día Cero. Desde hoy comienza el ordenamiento monetario y cambiario, una transformación muy necesaria de la economía nacional y quizás el cambio más profundo del último medio siglo cubano.

Proyectada desde los dos últimos Congresos del Partido, parecía de inicio que sería una decisión relativamente fácil, pero la vida, que siempre es más rica y veleidosa que los planes, hizo que la implementación se dilatara durante varios años.

Y es una metamorfosis compleja, con implicaciones sobre todo el cuerpo económico de la nación, pero además con resonancias sociales por el impacto sobre las personas.

Más de 200 especialistas y funcionarios intervinieron en la concepción del ordenamiento, una reforma muy diferente de lo que se ha hecho en el resto del mundo y en la que se diseñó la protección a los más necesitados.

Pensamiento colectivo

Largo ha sido el camino para echar a andar la desaparición del CUC, la unificación de la tasa de cambio, la eliminación de subsidios y gratuidades indebidas, así como la transformación de los ingresos.

En esa dilación pesaron la complejidad y los riesgos de una reforma en la que nos jugamos el futuro de la nación.

Por eso, las autoridades diseñaron 44 indicadores para medir los resultados del proceso, uno de los cuales es la expectativa de la población sobre el poder adquisitivo del peso.

Precisamente, el criterio popular tuvo sus primeras expresiones en la modificación de tarifas eléctricas, precios de ciertos medicamentos y hasta algunos pagos.

Es la concreción de un pensamiento colectivo que, más allá de la mirada especializada, ayuda a ordenar a los actores del escenario económico nacional.