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La Habana, Cuba. – Es ya un criterio bastante extendido entre analistas y políticos, que con la provocada guerra en Ucrania y su torpeza hegemonista, Washington ha acelerado el fin de su ya raído dominio global.

Ya no es solo que hizo un pésimo cálculo en torno a la respuesta rusa y su resistencia ante todo lo que le ha sido impuesto, sino que además, ha quedado claro que mucha gente en el planeta percibe con toda certeza que ya existen fuerzas internacionales capaces de decir no y de marcar nuevos derroteros más positivos y prometedores que el aciago rumbo dictado por el capitalismo imperialista a la humanidad.

Y esa realidad cada vez más perceptible y amplia no es solo un asunto de grandes poderes, sino de formas de ver, interpretar y hacer donde se admite e incluye a todos, y demanda de todos sin distingos.

De este lado

Y ciertamente, de este lado del mundo, al Sur de la gran potencia hegemonista, sería imperdonable no concurrir al esfuerzo de muchos en el mundo para sacudir y limpiar la casa común de una vez.

Una América Latina unida en sus propósitos estratégicos de independencia, efectividad en su lucha y en su conducción por nuevos caminos, y con potenciales trascendentes para ascender en la escala global, es sin dudas un invitado de honor entre los que buscan caminos de equidad, justicia, simetría y beneficios mutuos y compartidos.

Los latinoamericanos y caribeños podemos hacerlo, y no habría excusas para dar la espalda a esta oportunidad cierta de cambio que se ha abierto con la llegada de un nuevo año.

El saneamiento global es un imperativo, o terminamos todos en el pozo al que nos empujan.