La Habana, Cuba. – Todavía el hombre no hablaba porque su primitivismo le impedía esa facultad, pero pensaba y ¡cómo lo haría!, que era capaz de comunicarse y crear. A ese ancestral antepasado debemos uno de los más sabios descubrimientos humanos: el fuego.
Según cuenta la fábula, Prometeo fue quien enseñó a los hombres el uso del fuego, pero, más allá de la leyenda, la realidad otorga el mérito a quien de verdad lo merece. Fue el propio ser humano el capaz de tomar ese elemento que le ofrecía la naturaleza, luego aprendió a conservarlo y más tarde supo cómo crearlo nuevamente.
No obstante, el fuego, por su pureza y su actividad, era considerado por los antiguos como el más noble fenómeno, el que más se acercaba a la divinidad.
Útil y sagrado
El fuego satisfizo necesidades vitales del hombre primitivo. Ahora este tendría con qué calentarse en los fríos días a la intemperie, con qué alumbrarse en las oscuras noches o en sus cavernas, con qué cocer sus alimentos y con qué defenderse de sus enemigos. Pero, el fuego significó más.
Sentado frente a una hoguera, el hombre se sentía protegido y seguro. Con el tiempo, ese elemento de la naturaleza siguió adorándose.
Así, los romanos, a imitación de los griegos, fundaron un colegio de Vestales, para mantener el fuego sagrado. Esa religión subsiste en varios pueblos de América. Noempiezan una comida son echar al fuego, como ofrenda, el primer pedazo. Todas las noches encienden hogueras y bailan y cantan alrededor de las ardientes llamas.
El fuego como arma
A la antigüedad también se remonta la utilización, más o menos amplia, de líquidos calientes, materiales inflamables y diversos medios para producir incendios.

La referencia sobre las acciones incendiarias realizadas durante el sitio de Siracusa, 200 años Antes de Nuestra Era, según la cual Arquímides destruyera los navíos romanos mediante la concentración de los rayos solares con grandes espejos, ofrece al menos una información sobre el empleo del fuego como medio de combate.
Pero no es hasta la Edad Media que históricamente se reconoce la utilización de las armas incendiarias mediante el uso del llamado Fuego Griego. Ese compuesto químico inflamable, cuya fórmula se desconoce, tenía la propiedad de arder sobre el agua, por lo cual servía para incendiar los barcos.