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Carlos del Porto Blanco.

Hoy hablaré de un libro de Pedro Alcolado Menéndez publicado por la Editorial Científico Técnica en el ya distante 1986. Las esponjas, como su nombre indica el texto está dedicado a comentar a los niños y jóvenes sobre un género zoológico desconocido por muchos, pero que está bastante extendido en nuestro entorno, al ser Cuba un archipiélago.

Es prácticamente imposible entender cómo funciona la biología fuera del contexto del entorno. Robert Sapolsky.

Este volumen menciona y caracteriza, en sus páginas, a muchas de las especies de esponjas que habitan la plataforma insular cubana. Uno de sus aciertos es la inclusión de fotografías, incluso en colores, que desgraciadamente la impresión no permite apreciar con la calidad que merecía el público al que fue destinado.

Los poríferos (Porifera), conocidos comúnmente como esponjas o esponjas de mar, son un filo de animales acuáticos que se encuentran enclavados dentro del subreino Parazoa. Estos seres son filtradores gracias a un desarrollado sistema acuífero de poros, canales y cámaras que generan corrientes de agua provocadas por el movimiento de unas células flageladas: los coanocitos. Existen unas nueve mil especies de esponjas en el mundo, de las cuales solo unas ciento cincuenta viven en agua dulce. Se conocen fósiles de esponjas (una hexactinélida) desde el Período Ediacárico (Neoproterozoico o Precámbrico superior). Se consideraron plantas debido a su inmovilidad hasta que en 1765 se descubrió la existencia de corrientes internas de agua y fueron reconocidos como animales. Su digestión es intracelular. Las esponjas son el grupo hermano de todos los demás animales. Las esponjas fueron las primeras formas en ramificarse del árbol evolutivo desde el ancestro común de todos los animales.

Ya en el siglo IV a. n. e.), Aristóteles (quien dedicó tiempo en los orígenes de la taxonomía científica de los animales, los dividió en su obra «Las partes de los animales», en dos grandes grupos: «animales con sangre» y «animales sin sangre», los cuales a su vez clasificó en unidades más pequeñas.

Más tarde, en los siglos IV y V los neoplatonistas Dexipo y Armonio de Hermia comenzaron a llamar a tales organismos «zoofitos, clasificándolos como formas intermedias entre plantas y animales. En la Europa medieval, ese término casi no se utilizó, pero nuevamente entró en uso en el Renacimiento, ya que fue utilizado en sus clasificaciones por zoólogos como Edward Wotton, Guillaume Rondelet, Conrad Gesner y Ulisse Aldrovandi.

Las esponjas aparecían invariablemente en los «zoofitos», aunque el volumen del grupo cambiaba; así, en «De differentiis animalium» (1552) de Wotto, las estrellas de mar, los escifozoos y los ctenóforos fueron incluidos a los zoofitos. En el libro de Carlos Linneo «Systema Naturae«, la clase Vermes incluía el orden Zoofita con un volumen aún mayor que el de Wotton: Linneo también incluía urnas marinas y algunos moluscos y gusanos en el número de zoofitos. Al mismo tiempo, en la décima edición del libro (1758), Linneo definió Zoophyta como «plantas con flores que viven la vida animal», y en la decimosegunda edición (1766-1768) como «animales complejos que florecen como las flores de las plantas».

La naturaleza animal de las esponjas fue corroborada por primera vez por John Ellis, quien describió su capacidad para crear corrientes de agua y cambiar el diámetro de los Osculum y esbozó sus observaciones en 1765 en una carta a Daniel Solander (en 1766 la carta fue publicada en Philosophical Transactions of the Royal Society). En 1752, antes del descubrimiento de Ellis, el naturalista francés Jean-André Peysonnel planteó la hipótesis de que las esponjas no son organismos vivos, sino estructuras erigidas por gusanos de mar.

Libros como este son muy necesarios porque ayudan a despertar en los niños y jóvenes el interés por las ciencias exactas, naturales y técnicas. Estos son los pilares sobre los que debe descansar el desarrollo del país en los tiempos por venir. Sería positivo que las editoriales, cuyo perfil se ajuste a esto temas, convoquen a investigadores y profesores universitarios para que elaboren textos pequeños dedicados a estos grupos etarios. Los niños y jóvenes cubanos, actuales, están llamados a ser el relevo de los que hoy en laboratorios, campos, aulas y fábricas trabajando por la consolidación de Cuba.

El guante está lanzado, ojalá alguien lo tomé y asuma el reto. Las nuevas generaciones y Cuba toda, lo agradecerán.

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