No hubiesen podido ser verdad nuestras guerras de independencia sin esa raza de hombres tan viriles y enérgicos que honraron con su bravura y estoicismo el llamado de Carlos Manuel de Céspedes a las armas por la libertad de Cuba.
Estuvo entre aquellos recios un holguinero que llegó a ser en las cargas al machete Mayor General y Lugarteniente General del brioso ejército mambí.
Descuella su nombre: Calixto García Íñiguez, de quien se conocen tantas páginas de heroísmo durante los años del batallar libertario e independentista. Sus dotes magníficas de soldado y su aguda inteligencia les hicieron un extraordinario estratega, que supo conducir con acierto hombres y artillería e iniciar el fuego en el momento exacto.
Y ahí están sus victorias en Las Tunas, Guáimaro, Guisa y otras tantas, glorias que hicieron a Calixto García un cubano tan grande y excepcional.
Incansable continuador de la independencia
Con sólo 29 años de edad, Calixto García Íñiguez se incorporó a la Guerra de 1868 y, tras el final infeliz de la primera contienda independentista de Cuba, no cesó su rebeldía. ¡O libres para siempre, o batallando siempre para ser libres!, exclamó el Mayor General, y su fuerza la puso entonces en la guerra de José Martí, en el 95, durante la cual se desdobló con idénticos brío, arrojo y voluntad.
¿Y de dónde le vino a nuestro heroico guerrero ese vigoroso espíritu patriótico? Pues de dos seres que le inculcaron amor a la tierra donde lo trajeron un cuatro de agosto de 1839.
Fueron ellos Calixto García de Luna Izquierdo y Lucía Íñiguez, en quienes el hijo Calixto halló una inagotable fuente de valor, y a quienes Cuba debe uno de sus más dignos hombres.