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La Habana, Cuba. – Así como en medio de las vicisitudes nos estimula la solidaridad que expresan a la Isla movimientos populares, personalidades políticas y gobiernos, los cubanos podemos sentirnos confortados por declaraciones como las que acaba de formular la congresista demócrata Pramila Japayal a su regreso a Estados Unidos, y luego de una estancia de cinco días en nuestro país acompañada por el también legislador, Jonathan Jackson.

Durante una entrevista concedida al sitio digital Belly of the Beast, la representante indo-estadounidense en el Congreso en Washington, al exhortar a su Gobierno a entablar “negociaciones reales” -dijo- con la Isla, reconoció: “En las últimas décadas, hemos sido testigos del fracaso de la política estadounidense hacia Cuba”.

Tal verdad, por sí sola, no alcanzará a desatar la madeja de leyes que conforman esa estrategia fallida. Pero la golpea.

Fracaso conocido

No es que nadie en Estados Unidos se haya percatado de que el bloqueo es obsoleto, y ha demostrado su imposibilidad de torcer los rumbos en Cuba.

Desde la imposición de ese cerco, no pocas voces dentro de aquella nación se han erigido contra ella. En 2014, la conciencia de que Washington no conseguiría así sus propósitos de dominar a Cuba, condujo, entre otros factores, al restablecimiento de relaciones diplomáticas: un camino que entorpeció después el nuevo inquilino en la Casa Blanca.

Hace unos días, 52 congresistas, también demócratas, llamaron a su Presidente a poner fin al asedio, y argumentaron que la “máxima presión” fracasó.

Empresarios deseosos de hacer negocios con la Isla se proyectan contra el bloqueo, como lo hicieron recientemente líderes religiosos convencidos de su inhumanidad. Cada vez son más quienes están del lado de la justicia y la verdad.