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Entre los siglos XV y XVII, separando al Golfo Pérsico del Golfo de Omán, se encontraba el Reino de Ormuz, que dio nombre al estrecho que en la actualidad Irán mantiene bloqueado debido a la guerra con Estados Unidos e Israel.

Los eruditos, historiadores y lingüistas derivan el nombre «Ormuz» de la palabra persa local «Hur-mogh», que significa palmera datilera.

La semejanza de ese término con el nombre del dios persa Hormoz ha dado lugar a la creencia popular de que estas palabras están relacionadas.

No es casual que el Estrecho de Ormuz esté cerrado, pues alrededor de una quinta parte del consumo mundial de petróleo pasa por esa ruta comercial, que conecta a los productores de petróleo de Medio Oriente con mercados clave en la región de Asia-Pacífico, Europa y América del Norte.

En el foco de los mercados

El Estrecho de Ormuz es una vía marítima clave para el comercio global que está ahora en el foco de los mercados, debido al conflicto israelo-estadounidense contra Irán.

Limitado al norte por la nación persa y al sur por Omán y los Emiratos Árabes Unidos, este corredor conecta el Golfo con el mar Arábigo, y tiene 50 kilómetros de ancho en su entrada y salida.

Más allá de su extensión, la vía marítima es lo suficientemente profunda como para permitir el paso de los barcos petroleros más grandes del mundo.

En los últimos dos años, alrededor de 20 millones de barriles de petróleo pasaron diariamente por el Estrecho de Ormuz, según estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. En condiciones normales, más de 130 barcos transitan a diario por la importante vía de navegación.