Las cajas de hielo para conservar alimentos quedaron obsoletas en 1914 cuando la norteamericana Florence Wilhelmina Parpart Layman recibió la patente del primer refrigerador conceptualmente moderno.
El invento constituyó una revolución para la preservación de los víveres, la manera de cocinarlos y para familias y empresarios que apreciaron una mayor durabilidad en las provisiones.
Antecedente del frigorífico actual, el diseño permitía circular agua fría por el refrigerador mediante electricidad y el líquido mantenía frescos los alimentos; el éxito fue tal que vendió el invento a empresas ubicadas en todo Estados Unidos.
Sin embargo, la sociedad machista pasó factura: como otros de sus aportes, Florence Parpart estuvo obligada a patentar el refrigerador eléctrico con su nombre y el del esposo, Hiram Layman. Ah, el de él, declarado primero.
Visión práctica
Años antes de que registrara el refrigerador eléctrico, Florence Parpart en 1904 poseía la patenta para una barredora de calles mejorada con cubierta, lo cual evitaba el polvo en el aire mientras funcionaba, era más automatizada y disminuía el esfuerzo manual.
El equipo, que perfeccionó modelos anteriores, propiciaba mejor limpieza urbana pues, como señalan los documentos, recogía eficientemente la suciedad de la superficie de las calles y tuvo mucha aceptación en ciudades como Nueva York y Filadelfia.
Además del barrendero y el refrigerador eléctrico, inventó un corsé neumático, un bote plegable y una tabla para pulir cubiertos; esas creaciones no las patentó.
Florence Parpart no fue reconocida como merecía, incluso aparece poco en los registros técnicos; sin embargo, cada uno de sus inventos demostró una visión práctica y de vanguardia para su tiempo.