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La Habana, Cuba.- El asalto a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, no fueron hechos fortuitos ni iniciadores de una etapa de lucha. Fueron en sí mismos la obra de continuidad de una juventud emprendedora en la segunda mitad del siglo XX.

La Generación del Centenario, esa de Fidel, Abel, Haydée, Melba, y tantos otros, siguieron los pasos, desde otra perspectiva, de aquellos que en las décadas de los años 20 y 30 del siglo pasado, como Mella, Guiteras, Rubén y Pablo, batallaron por la soberanía y la justicia social.

No hay duda de que los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, como todos los revolucionarios antecesores, llevaban en SÍ también la conciencia y el ejemplo de los valerosos Martí, Maceo y Gómez, que ya en el siglo XIX daban cruenta batalla por la libertad de Cuba.

Un solo ideal

La consecución de libertad y soberanía ha estado siempre presente en la conciencia de los cubanos. En Cuba, desde tiempos inmemoriales, la rebeldía contra el poder hegemónico y el avasallamiento explotador fue constante. Los valerosos jóvenes de la Generación del Centenario, aquel 26 de Julio, representaban la continuidad de nuestro ideal de lucha.

Nuestro proceso revolucionario es consecuente con nuestra historia. Así lo definió Fidel cuando expresó: En Cuba solo ha habido una Revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes.

Desde Varela, Céspedes, Martí y Fidel, los cubanos somos consecuentes. La Generación del Centenario, hacedora del 26 de Julio, representa a todos los que se entregaron a la Patria.