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Con la aurora, comienza la preparación del café con leche, o la mezcla del polvo de maíz tostado y leche, y se crea la exquisitez que es el chorote.

Esa rutina mañanera une a la familia, admite la campesina bayamesa Olivia Blanco Álvarez. Reafirma que después del tradicional desayuno campestre, siempre oloroso, humeante y apetitoso, alimenta aves y cerdos, desacorrala el ganado mayor y va hacia sus sembradíos de viandas, granos, hortalizas y frutas.

Azada o machete en mano, permanece en faenas agrícolas hasta que el sol quema mucho. Señala que es de las cosecheras que vuelve en la tarde a su permanente gestión entre surcos.

Olivia, mujer intensa en la producción de vegetales, es una asociada distinguida de la Cooperativa de Créditos y Servicios Anselmo Aldana, en las afueras de la capital granmense. A la fertilidad de sus tierras, une éxito, por el que tantos aplausos ha recibido.

Aplicada existencia

Según vecinos y amigos, a la campesina bayamesa Olivia Blanco Álvarez su tenacidad le ha conducido por el camino de la eficiencia. En su entorno productivo, no todos le igualan.

El trabajo en el campo es duro pero realizable, asevera quien es referente en la entrega de carnes, leche y vegetales, comercializados para la industria o en ferias y mercados locales. Blanco Álvarez incentiva el desarrollo comunitario, con fuentes de empleo y gestiones para arraigar a los jóvenes en las áreas campestres.

Para muchos de sus colegas, esta granmense, orgullosa de su tierra e historia, es ejemplo cumbre de mujer rural y persona amorosa y solidaria.

Relata que a la fertilización, insecticidas y herbicidas biológicos, deben imbricarse aspectos científicos y técnicos de la contemporaneidad. La agricultura da lo que seamos capaces de extraerle, afirma esta bayamesa.