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Por más de 60 años, desde el visor de sus cámaras fotográficas, Ernesto Fernández ha atrapado instantes de la vida de Cuba y de otros países -con disímiles rostros y estremecimientos- que ayudan a conformar y sedimentar la memoria colectiva.

Aunque lo intentara, no podría sacar la historia de mis fotos, ha dicho este maestro del arte del lente, fundador de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba UNEAC y cuya obra está enaltecida por el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Ernesto Fernández fue el primer fotorreportero en llegar a la zona de la Ciénaga de Zapata el 17 de abril de 1961, escenario de la invasión mercenaria financiada y apoyada por el gobierno de Estados Unidos.

Allí se libró una crucial batalla en defensa del suelo patrio y la bisoña Revolución, hasta la victoria en Playa Girón, en menos de 72 horas.

Testimonio de una epopeya

Como corresponsal de prensa, Ernesto Fernández fue cronista de los días tremendos de la batalla de Girón. Hay una fotografía icónica suya, por su composición y atmósfera sobrecogedora.

Él así la describe: «los milicianos caminan por el centro de una carretera donde hay unos autobuses ardiendo, después de un bombardeo y esperando un próximo golpe, pero no les importaba.

Marchaban a la línea de fuego, sabiendo que la posibilidad de triunfar era casi nula porque estaban allí para enfrentarse al ejército más potente del mundo.

Por lo menos eso era lo que les dijeron cuando marcharon al combate. Nada los hacía detenerse, ni ver los estragos en los ómnibus ni a sus compañeros muertos. Su misión era chocar con el enemigo y liquidarlo». Gracias a la sensibilidad y el valor de fotógrafos como Ernesto Fernández es posible reconstruir momentos de la gesta de Girón.