La Habana, Cuba. – Nacida en una época donde la mujer vivía confinada a dos círculos únicos: la esclavitud racial y la doméstica y, a lo sumo, según su linaje, a los oropeles de los grandes salones, María Josefa Eufemia Cabrales Fernández (o Isaac), no solo fue la esposa del General Antonio Maceo, sino una patriota de muchos méritos y una mujer consagrada a los principios e ideales cívicos inculcados por su familia y la de los Maceo-Grajales.

Su partida de bautismo consta que nació en la finca San Agustín, en San Luis, Santiago de Cuba, el 20 de marzo de 1842, y fue registrada en el libro para pardos de la Iglesia San Nicolás de Morón, de esa localidad.

Procedía de una familia de la llamada población libre de color y su educación fue acorde a su tiempo.

Mariana y María

Testimonios de la época aseguran que María Cabrales tuvo dos hijos y que esos perecieron en la manigua a causa de las muchas vicisitudes pasadas. Pero esto no se ha corroborado y la propia patriota expresó en su testamento que estuvo casada con Maceo, de cuyo matrimonio no tuvo hijos.

De lo que sí hay certeza es que ella acompañó a la familia Maceo-Grajales en su incorporación a la Guerra Grande. Tenía entonces 21 años y siempre contó con el cariño y la devoción de su suegra.

Ella fue testigo de cómo Mariana hizo arrodillar ante un crucifijo a toda la familia y jurar que lucharían por liberar a la patria o morir por ella.

Tras el compromiso junto a la madre heroica, todos marcharon a la guerra, y ambas mujeres prestaron asistencia a enfermos y heridos, y contribuyeron a la fundación de hospitales de campaña, así como a otros menesteres.

Su propia historia

María Cabrales compartió con Bernarda del Toro (Manana), la esposa de Máximo Gómez, sus habilidades en la medicina natural dentro de las tropas  independentistas, y en una de las ocasiones en que el General Antonio Maceo fue herido y María se encontraba a su lado, ésta, dirigiéndose a Mayía Rodríguez, uno de los ayudantes más cercanos al Titán, le espetó: A salvar al General o a morir con él!.

La experiencia obtenida en la Guerra Grande le permitió a María madurar en su conciencia patriótica y en sus años de exilio se consagró al apoyo de la revolución desde el exterior por medio de los clubes patrióticos vinculados al Partido Revolucionario Cubano.

María Cabrales, quien falleció en 1895, no vivió a la sombra de su esposo porque forjó su propia historia.