Yuri Gagarin en la nave espacial Vostok 1, lanzada en el Cosmódromo de Baikonur, se convirtió en uno de los grandes precursores de todos los tiempos al abrir la ruta hacia las estrellas.

El soviético de la Rusia Central, el doce de abril de mil novecientos sesenta y uno, hace sesenta años, mostró la victoria del hombre sobre las fuerzas de la naturaleza al dominar durante ciento ocho minutos al Cosmos, en una vuelta al globo terráqueo.

En un informe, afirmó que la sensación de ingravidez era como la de estar colgado de correas en una posición horizontal, suspendido; y en su autobiografía anotó que durante el retorno a la Tierra entonó la canción La patria oye, la patria sabe.

Tras la irrupción del Colón del Cosmos, como se le llamó a Yuri Gagarin, recibieron influencias ramas de la ciencia y la técnica como la medicina espacial, las comunicaciones y la cibernética.

Cosmonauta 100

Arnaldo Tamayo el dieciocho de septiembre de mil novecientos ochenta, redondeó el ciento de los hombres que llegaron al espacio; es el único cubano en sacar visa para viajar a quinientos cincuenta kilómetros fuera de la Tierra.

Del suceso evoca que veía su planeta, porque mirarlo desde allí sería irrepetible: “Cuando uno observa esa gran esfera debajo de sí y piensa que pertenece a ella, siente cierta euforia y se repite: Vengo de ahí”.

Al valorar el desarrollo de la cosmonáutica, Arnaldo Tamayo declaró que se habla de colaboración entre potencias con recursos para un programa conjunto y que el vuelo a Marte no puede hacerlo un solo país, por lo costoso.

Hoy, recordemos a Yuri Gagarin cuando dijo: “¿No será nuestra Tierra una nave cósmica que surca veloz el universo? Esta nave pertenece a todos nosotros, a todos los pueblos y su tripulación debe vivir en paz y amistad”.

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