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Todas las drogas provocan efectos nocivos, y mientras más grande sea la dosis ingerida más cerca se está de riesgos que involucran aspectos físicos y psicológicos.

Como patrón de análisis hablaremos de una sustancia muy conocida, consumida y venenosa: el alcohol, que, por ejemplo, lleva desde el punto de vista orgánico a trastornos hepáticos, respiratorios, impotencia sexual e incluso enfermedades crónicas tan serias como el cáncer.

La salud mental se ve dañada por amnesia u olvidos, dificultad para hablar, disminución de la comprensión y el juicio, irritabilidad y euforia sin motivo.

La ingestión desmedida e irresponsable de alcohol hace al individuo transitar del uso al abuso y a la esclavitud, y bajo esa dependencia sostenida en el tiempo, con ese consumo prolongado, se amplifican sus efectos tóxicos, pudiendo llevar a estados comatosos e incluso la muerte.

Complejo trastorno

La toxicidad del alcohol no solo se observa de forma inmediata, con sus manifestaciones en la conducta perturbada del tomador. Los efectos del consumo de esa bebida de forma excesiva y a largo plazo son muy graves, debido a que la alta concentración de alcohol en sangre lleva a una intoxicación aguda.

Ello amplifica las consecuencias dañinas de la droga etílica, dando lugar a sintomatologías como aturdimiento, desmayos, hipotermia o descenso de la temperatura corporal y respiración lenta, hasta un estado de coma y un desenlace fatal.

Dichas implicaciones se convierten en emergencias médicas, pues se requiere atención especializada inmediata para tratar la naturaleza compleja de los trastornos y salvar vidas en potencial riesgo.

Lo ideal sería dejar de beber, pero, si se hace, que sea con responsabilidad, teniendo conciencia de los peligros que entraña la sobredosis de alcohol.

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