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La Habana, Cuba. – Si hubiera que señalar una sustancia absolutamente esencial, ese sería el agua, que por sus extraordinarias propiedades se dice que posee la llave de la vida.

Nuestro cuerpo contiene en promedio unos 40 litros de agua, lo que equivale a un 70% de la masa corporal de un adulto.

Pero cuando la edad avanza y se superan los 60 años, se reduce a poco más de la mitad el agua que deberíamos tener en el organismo, y esta reserva más baja del líquido es parte del proceso de envejecimiento natural.

Sucede que esas personas se van olvidando de beber agua, porque no les apetece, pues generalmente dejan de sentir sed, y es que sus mecanismos de equilibrio interno declinan en su cabal funcionamiento. Ello puede implicar serias complicaciones, siendo la deshidratación una de las consecuencias más importante y preocupante en la tercera edad.

Beber agua, una urgencia

En cualquier etapa de la vida, la deshidratación es grave y causa debilidad muscular, cansancio, descenso de la presión arterial, aumento de las palpitaciones del corazón y dolor en el pecho; en casos muy extremos, el coma e incluso la muerte.

Esas consecuencias derivadas de la escasa ingesta de agua se agravan en ancianos, quienes dejan de sentir sed y de beber líquidos.

Incluso en ellos puede aparecer confusión mental, que puede achacarse a los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer, pero la causa, insospechada, es la deshidratación, que los lleva a estar irritables y con falta de atención.

De ahí que las personas mayores de 60 años deban incrementar el consumo de agua, tomando cada dos horas simplemente esta u otros líquidos, como jugos, té, sopas y frutas. Quienes convivan con ancianos, deben ser observadores en este sentido e incentivarlos a beber agua.