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La Habana, Cuba. – En la Escuela de Educación Especial Flor de la Revolución, en La Habana, 232 niños con discapacidades visuales dependen de que un ómnibus pase todos los días por siete municipios distintos para llegar a clase. Cuando el combustible escasea, el ómnibus no siempre pasa. La rutina de esos niños se rompe. Las posibilidades de aprender también.

Según el más reciente “Informe de Cuba sobre las afectaciones del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos”, las pérdidas para el sector educativo durante el último año ascendieron a 98 006 500 dólares —73 799 500 correspondientes al Ministerio de Educación y 24 207 000 al Ministerio de Educación Superior—, una cifra que resume solo la parte económica de un problema con consecuencias mucho más cotidianas.

La falta de combustible ha limitado el traslado de estudiantes y docentes que viajan por todo el país, un grupo que representa cerca del 30 % de la matrícula nacional. El informe señala que esto ha alterado el desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje. Además, ha influido en los horarios institucionales y reducido la atención diferenciada a los estudiantes que más la necesitan.

La directora de la escuela especial René Vilches Rojas, María de los Ángeles Escalona Arias, lo resume desde su propia experiencia: de 65 alumnos, solo 22 han podido recibir implantes cocleares, y las limitaciones actuales han reducido drásticamente las posibilidades de que los demás accedan a una cirugía similar. Hay una cifra en el informe —2 de 16 audiómetros funcionando— que no necesita adjetivos. Son catorce aparatos apagados, y detrás de cada uno hay un niño que no termina de aprender a distinguir un sonido de otro.

Con información de Cubadebate