La Habana, Cuba.- Las constantes migraciones de los asiáticos a Cuba, chinos, indios, filipinos, coreanos, japoneses, han tenido un impacto cultural cuyo reflejo más evidente está en el idioma español.
Entonces, ¿dónde radica la grandeza de la presencia asiática en Cuba?, ¿por qué los cubanos asumimos como propio ese legado milenario?, ¿cómo se ha fundido esa inmigración al proceso formativo de la nación cubana? Estas y otras muchas preguntas pueden tener diversas respuestas desde varios marcos de referencia.
La corriente migratoria asiática más numerosa hacia nuestro país estuvo representada por los chinos, que arribaron a Cuba entre 1847 y 1953, con la llegada de cientos de sujetos hablantes de los tres conjuntos dialectales más importantes de la China meridional: jakka, min y yue.
Los jakka preservaron su lengua materna como lengua familiar y comunitaria, principalmente en La Habana. Eso propició una más rápida asimilación, ya que se mezclaron con la población cubana local, principalmente en las provincias de Matanzas y Santa Clara.
Además llegaron a Cuba, otros chinos que fueron conocidos por chau-chau, los cuales procedían de los alrededores Fuzhou, la capital de la provincia de Fujián y del puerto de Amoy.
¿Hablar español?
Es importante destacar la dificultad de los chinos en adaptarse a hablar el español, una lengua tan diferente a la suya y que, por regla general, no lograban dominar de manera precisa.
Los miles de asiáticos que arribaron procedentes de Filipinas, Taiwán y China, en líneas generales, nunca llegaron a expresarse correctamente en español y algunos casi podían prescindir del uso cotidiano de nuestra lengua.
Los descendientes de chinos nacidos en Cuba en núcleos familiares de esa procedencia eran bilingües, mientras que los nacidos en familias mestizas desconocían el chino o solo manejaban rudimentos de ese idioma.
Los hijos de matrimonios mestizos chino-cubanos de tercera generación, usualmente no sabían nada de chino, una situación que con el tiempo se ha agudizó mucho más ya que ese idioma solo es enseñado a los nacidos en núcleos familiares de esa procedencia, pues ya no existen escuelas chinas, ni se dan clases en las sociedades chinas que hoy subsisten.
En la actualidad, solo se imparten cursos de chino en el Instituto Confucio que se encuentra cerca del Estadio Universitario.
Huellas chinas en nuestra lengua nacional
Los cubanos, habladores por excelencia, utilizamos unas cuantas frases y expresiones que se han generado de manera natural y espontánea al calor de la convivencia con la emigración asiática.
Por ejemplo: No creo en velorio chino= desconfianza; Tener un chino detrás= tener mala suerte; no lo salva ni el médico chino= algo es irremediable; ponérsela a alguien en China= crear una situación embarazosa; quedarse en China= no entender; tocarle a uno la china= sobrevenirle a alguien una desgracia, entre otras.
El término chino originalmente utilizado como gentilicio, en Cuba devino adjetivo calificativo de todo lo que estuviese liso, libre de pelo o de asperezas y así, tenemos un perro chino, un puerco chino, un terreno chino (libre de malezas, debido al fuego aplicado)
Por otra parte, chino es el apodo que suele aplicarse a toda persona de color aceitunado más o menos claro, sobre todo si sus cabellos y ojos denuncian alguna ascendencia asiática, que no tiene que ser necesariamente china. También se utiliza la voz chino o china como vocativo familiar afectivo: Mi china, ven acá, por ejemplo.
Pero mucho más productivo es este vocablo como denominador de todo objeto cuya procedencia se asocia con China, como es el caso de frijolitos chinos, la china (enfermedad infecciosa de la piel conocida también como varicela), damas chinas, palitos chinos, charada china, salsa china, etc.
Otro vocablo cuyo uso en el español de Cuba se debe a la presencia de chinos en nuestro país es chilampín, corrupción de Chin-Lam-Pim, mandarín de tercera clase que arribó a La Habana en 1874.
Ese hombre era culto y refinado y causó muy buena impresión entre las autoridades coloniales.
Más tarde el significado de esa palabra varió al vincularse con la voz chulo, de donde surgió chulampín, que incluso se utiliza en la actualidad como el que explota o abusa del otro.
En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española aparece como chulampín. m. coloq. Cuba. Hombre que se vale del afecto o amistad de alguien, especialmente una mujer, para obtener algún beneficio.
La huella de los chinos en Cuba también se hace tangible en recetas culinarias, la artesanía, el teatro y la ópera, así como en la música, con el extendido uso de la corneta china, en especial en la región oriental, donde su particular sonido anuncia el paso de una conga.
Ya han pasado varias generaciones desde la llegada de los primeros chinos a Cuba. La mayoría son ancianos y en la actualidad esa población ha decrecido a unos cuatrocientos en todo el país, pero la descendencia se ha multiplicado y diversificado de múltiples maneras, formando parte plena de la sociedad cubana contemporánea.
Sin embargo, a nuestro país llegó otra gran oleada de migrantes asiáticos, entre ellos indios, filipinos, coreanos, japoneses, que también han marcado diversos aspectos de la cultura nacional, pero eso será tema de otro próximo trabajo.