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Carlos del Porto Blanco

“Nacieron para alimentar a los pájaros de otro mundo. Nadie viajó tan lejos para encontrar su propia tumba. Buscando el oro de los alquimistas hallaron en su camino los reinos del Sol. De grutas de esmeraldas vieron volar escarabajos rituales, iguanas detenidas en los árboles batían ante ellos colas como látigos, ciénagas verdes de limo abrían de repente hileras de colmillos. Tuvieron que encontrar palabras nuevas para nombrar el mar, el río y el desierto porque otra ballena marina les mostró sus ballenas, otra serpiente sucia de desastres los llevó bajo interminables días de lluvia, y otros arenales los fueron secando hasta que al final no eran más que esqueletos con ojos, rezando en latín cielos pedregosos.” Así comienza la novela La serpiente sin ojos (2015), del escritor colombiano William Ospina. A esta obra, la tercera de la saga comenzada con Ursúa (2005) y continuada con El país de la canela (2009), dedicaré la columna de esta semana

…porque la locura mayor de esta edad del mundo la concibió temprano Pedro de Ursúa: la ambición desmesurada de conquistar la selva de las Amazonas y dominar la serpiente de agua que la atraviesa. Wiliam Ospina.

El poeta, ensayista, novelista y político colombiano William Ospina Buitrago, nació en Herveo, Tolima, Colombia, el 2 de marzo de 1954. Ha sido merecedor de diversos reconocimientos, como el Premio Nacional de Ensayo (1982), el Premio Nacional de Poesía (1992), el Premios de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada de la Casa de las Américas (2003) y el Premio Rómulo Gallegos (2009) con su novela El país de la canela, la segunda parte de esta trilogía sobre la conquista de la parte norte de Sudamérica. Entre sus libros más recientes se encuentran El año del verano que nunca llegó (2015), La lámpara maravillosa (2015) y Guayacanal (2020).

Quince años después de viajar con Francisco de Orellana en la búsqueda inútil del País de la Canela, un veterano se suma a la expedición que Pedro de Ursúa planea para conquistar los pedazos de selva que gobierna pero que conoce sólo a través de leyendas: aquella mítica ciudad de oro en forma de cóndor entre la nieve, otra en forma de jaguar entre las tierras medias y una más en forma de serpiente, en las selvas. Mientras Ursúa delinea su plan y conforma a su grupo, sus ojos se cruzan con los de Inés de Atienza, la bella mestiza cuyo amor le hará darse cuenta que un hombre como él es capaz de lidiar con sólo una obsesión a la vez. “La serpiente sin ojos” cierra la aclamada trilogía sobre la conquista de la Amazonia, que se completa con las novelas Ursúa y El país de la canela.

Con razón el crítico José Zuleta, de El País, dijo sobre este texto, “Un gran poema épico que narra la conquista de América”.

La serpiente sin ojos, llamado así el río amazonas por los indígenas, cierra la aclamada trilogía sobre la conquista de la Amazonia de Ospina, que se completa con las novelas Ursúa (2006) (https://www.radioreloj.cu/enfoque/resena-ursua/ ) y El País de la canela (2009) (https://www.radioreloj.cu/enfoque/resena-el-pais-de-la-canela/ ). «Nunca había estado Ursúa en mejores condiciones para emprender una aventura, más vigoroso, más dueño de su voluntad y de su lenguaje, y nunca, sin embargo, empezó a sentirse tan lejos del deseo de viajar, de iniciar campañas y guerreras, de cabalgar persiguiendo sueños tras las montañas. (…) Cuando ya se sentía a las puertas del tesoro soñado por años, un tesoro más inmediato y deleitable lo había envuelto en sus redes, y si estuviera todavía a su lado Juan de Castellanos, tal vez el poeta habría dicho que la guerra y el amor se estaban disputando el corazón de Ursúa, y que, siendo divinidades igualmente poderosas, era comprensible que el resultado fuera una invencible inmovilidad». Esa cita refleja el dilema que tuvo que enfrentar el conquistador. Un hombre que se dividió entre la pasión por una mujer y la ambición por conquistar una parte de Nuestra América.

El crítico de la publicación vasca El Correo, César Coca, nos dice “El lector asiste a la evolución de los españoles que llegaban a América y se transformaban en salvajes en contacto con la naturaleza desbordante y sus amenazas. Como desbordante es por momentos el lenguaje, de una belleza enorme y una riqueza difícil de encontrar.”

“Con los años –escribió Ospina– he aprendido que Ursúa es un libro de guerra y El país de la canela es un libro de viajes. Pero a medida que avanzaba en La serpiente sin ojos fui comprendiendo que esta era, ante todo, una historia de amor”. Así pues, la aparición de Inés de Atienza, el amor, de quien se decía que había sido nieta de Atahualpa, suma un condimento que complica la expedición de nuestro conquistador, hasta tal punto que se plantea abandonar la empresa. La única salida para seguir –porque había que seguir, dados los compromisos económicos y políticos inamovibles– es llevar a la mujer consigo en la remontada del Amazonas. Pero la guerra y el amor son dos batallas demasiado pesadas para atenderse a la vez, y los éxitos, casi imposibles. El viaje es un tormento y la crueldad para propios –la tripulación y sus contemporáneos conquistadores– y ajenos –los aborígenes–, la moneda de cambio diaria.

“Es imposible no asombrarse ante la hazaña narrativa emprendida por Ospina: una saga sobre los esplendores del Cuzco, la Amazonía, la sabana de Bogotá”, plantea la revista Newsweek (México).

La pluma de Ospina se convierte, en la selva, selva, y en el río, río –esa serpiente sin ojos de la que hablan los nativos–. El castellano, manejado por un auxiliar de los conquistadores que nos cuenta en primera persona la aventura, es un complejo entramado de barroquismos y certera poesía de profunda afiliación con el amor por la naturaleza, por la metáfora cargada de estrellas y pájaros. La destreza de la prosa, colorida, hecha de adjetivos y de imágenes constantes, es un arte que se disfruta no únicamente para que la narración avance, sino más bien para que siga girando sin control, copiando el viaje errático e intenso de los héroes.

Finalmente, la historiografía que sabe hacer esta literatura, como no puede ser de otro modo, no desconoce los grandes conflictos humanos que trajo aparejados aquel tiempo: la obsesión por la riqueza y el poder, la ignorancia, la violencia y la crueldad, el orgullo, la guerra y sus vanidades.

¨..porque la locura mayor de esta edad del mundo la concibió temprano Pedro de Ursúa: la ambición desmesurada de conquistar la selva de las Amazonas y dominar la serpiente de agua que la atraviesa¨.

Le recomiendo amigo lector que busque y lea esta trilogía que cuenta desde nosotros mismos varios capítulos del choque entre las dos culturas en Nuestra América.

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