Carlos del Porto Blanco
La primera primavera después de la guerra fue en el Alto Don excepcional: llegó impetuosa, y el deshielo se produjo rápido, a un tiempo. A fines de marzo, soplaron de las costas del mar de Azov templados vientos y, dos días más tarde, ya estaban completamente desnudas las arenas de la margen izquierda del Don; se alzó abombándose, la nieve que llenaba barranquillos y cañadas, mientras los riachuelos de la estepa, rompiendo el hielo, corrían retozones, primaverales, y lo caminos se ponían casi intransitables. Así comienza la noveleta “El destino de un hombre” del escritor soviético Mijaíl Shólojov, la obra a la cual dedicaré la columna de hoy.
La vida dicta a los hombres sus leyes, que no están escritas en parte alguna. Mijaíl Shólojov.
El novelista soviético Mijaíl Aleksándrovich Shólojov, nació en Vióshenskaya, stanitsa de Kruzhílino, Imperio Ruso, hoy Rusia, el 24 de mayo de 1905 y murió en la misma ciudad, de la entonces Unión Soviética, el 21 de febrero de 1984. Es uno de los principales exponentes de la cultura soviética, sus obras han sido traducidas a más de 30 idiomas. En 1965 ganó el Premio Nobel de Literatura. Se le considera una de las figuras más importantes en el siglo XX dentro de la literatura soviética. Actualmente, su obra sigue siendo muy valorada más allá de consideraciones políticas o temporales, y El Don apacible se considera una de las novelas rusas más importantes del siglo XX.
La novela corta El destino de un hombre, publicada en 1956, es una lección de entereza de un hombre, sometido al horror del cautiverio nazi, y sus sueños por sobrevivir y de reencontrarse algún día con los suyos, y que después de escapar del cautiverio se percata de que ha perdido a toda su familia. A pesar de esa situación, encuentra razones por reconstruir su vida junto a un pequeño niño, Vania, un huérfano de padre y madre. La tragedia de ambos seres, refleja la tragedia que sufrió esa gran nación.
El marco histórico de la obra es el de la Segunda Guerra Mundial, y a través de un monólogo, realista al mejor estilo ruso, el personaje Andréi Sokolov cuenta la historia de una Unión Soviética angustiada por la invasión alemana. En ese conflicto aparecen el heroísmo patriótico y el amor a la tierra, por antonomasia valores tradicionales en el pueblo ruso y soviético según se puede apreciar en los grandes autores como Tolstoi y Pushkin.
Es la primavera de 1946. En la región del Alto Don, el río se vuelve caudaloso por los deshielos y los lagos crecen sobre la tierra. El narrador del relato, Sokolov, pertenece a una cuadrilla de trabajo. Para cruzar el lago Elanka, él y su compañero deben hacer dos viajes en una barcaza frágil y desvencijada conducida por un barquero. El cruce tarda una hora. El narrador cruza primero y la barcaza parte a buscar al otro. Entonces, aparecen un hombre y un niño. El recién llegado, del que pronto sabemos que también fue soldado, establece con el narrador una inmediata intimidad y, ante la perspectiva de la espera de dos horas que resta antes de que vuelva la barcaza, comienza su historia. A través de los recuerdos de Andréi, el lector conoce los momentos cruciales y psicológicos del hombre ante una situación real de terrible apremio ante la muerte, que remueve sus instintos más íntimos de supervivencia.
El destino es un libro que se lee de una sentada, pero lo recomiendo mis lectores, es una obra que conmueve. La obra puede ser descargada en: https://ciudadseva.com/texto/el-destino-de-un-hombre/