Artemisa, Cuba. – El artemiseño arrastra un pasado cultural e histórico que engancha y enamora; hacia el año 1792, en toda la franja que se extiende de Guanajay a Bahía Honda, existían las condiciones de tierras y clima necesarios para comenzar a desarrollar la producción azucarera.

Entre 1791 y 1804 la Revolución antiesclavista haitiana destruyó la industria azucarera construida allí por Francia y que, hasta entonces, fue la primera gran productora mundial, abriendo así el camino a Cuba para posicionarse como líder.

A la par comenzó a florecer la producción cafetalera y también en ese cultivo destaca la franja Guanajay-Bahía Honda, por donde se inició la producción de la mayor cantidad de azúcar y de café del Occidente cubano, reseñó la Doctora Rebeca Figueredo, durante el panel Cultura e Historia de Artemisa Mestiza.

Cimarronaje y persecución

Ayudada por las bondades de su geografía, las tierras que conforman la provincia de Artemisa cuentan un pasado de enormes riquezas.

Sus tres inmensas bahías de bolsa: Bahía Honda, Cabañas, Mariel, sirvieron de puerto para la entrada ilegal y el tráfico de miles de esclavos africanos que llegaron como mano de obra, cuando, en medio de la Revolución Industrial, se decreta que la esclavitud era inhumana; pero también estas bahías fueron utilizadas para la salida de la mercancía que sería comercializada dentro y fuera de Cuba.

El peso de la rebeldía de los negros esclavos se hizo eco en la Sierra del Rosario, donde se cuentan múltiples historias de cimarronaje.

Relata el máster José Antonio Villar que en los refugios rocosos existentes entre Candelaria y San Cristóbal, los esclavos fueron perseguidos con saña por parte de los rancheadores que los cazaban para devolverlos a sus amos.

Herencia religiosa               

El panorama religioso en Artemisa es amplio con mezcla de culturas de distintas procedencias.

El historiador y antropólogo, Roberto Castañeda, considera que allí se practica lo que se llama una piedad ocular cristiana, donde aquel que pone un vaso espiritual ora a San Luis Beltrán cuando enferma un niño, acude a la iglesia al fallecer un familiar o evita pisar un huevo que ve tirado en la calle.

Traída de África y radicada en un grupo minoritario de Bahía Honda, entre tantas manifestaciones religiosas está la Arará, la cual puede referirse a la música y el baile, con estilos de percusión peculiares que incluyen tambores, aplausos y percusiones corporales, tal como lo expresan los integrantes del Grupo Magino Arará.

Sin dudas, Artemisa es altamente sincrética en su religión y cultura, fundamentos de la identidad que construyen sus habitantes.