Imam Al-Bujari, nació el 20 de julio de 810, en Bujar, hoy Uzbekistán. Es considerado como uno de los más grandes compiladores y eruditos de los hadices. Su principal obra, denominada Sahih al-Bujari, se ha convertido en uno de los textos canónicos dentro de la tradición islámica y, junto con el Corán y Sahih Muslim, forma parte de las fuentes primarias dentro de la fiqh (jurisprudencia islámica).
A los dieciséis años, el joven al-Bujari, acompañado de su madre y su hermano, dejó su ciudad natal para realizar el hach (peregrinaje a La Meca). Diversas fuentes del siglo cuarto/décimo tales como Ibn Ab? ??tim al-R?z?, Ibn ?ibb?n, e Ibn al-Nad?m han descrito sus estadías en las ciudades de Balj, Merv, Nishapur, Ray, Basora, Wasit, Kufa, Medina y Meca durante su trayecto, gracias al cual tuvo acceso a las enseñanzas de los eruditos de los hadices más prestigiosos de su época.
Gracias a las rentas mensuales y anuales de las propiedades de su familia (de acuerdo con una cita de al-Dhahab? donde el propio al-Bukh?r? asegura: “yo solía adquirir (astaghillu) cada mes 500 dirhams, y luego gastarlo todo en la búsqueda por el conocimiento»), al-Bujari recorrió los principales centros de conocimiento islámico de su tiempo, habló con eruditos e intercambió información sobre el hadiz. Se registra que permaneció en Basora por cuatro o cinco años, y en Hiyaz por seis; viajó a Egipto dos veces y a Kufa y a Bagdad muchas veces.
En la ciudad de Bagdad, Al-Bujarí estudió la tutela de Ahmad Ibn Hanbal, quien ejerció una gran influencia en la misión del im?m al-Bujari de contribuir a la recolección de los reportes de la temprana comunidad musulmana. Para Ibn Hanbal, la compilación de los dichos y actos del Profeta Muhammed eran esenciales para que los creyentes pudieran determinar la voluntad de Dios y apegarse a dichos lineamientos para un mejor entendimiento de su fe y la ley; en una marcada oposición al uso de la ra’yy para la comprensión de la fe. Esa postura puede resumirse con la declaración de Ibn ?anbal: “Casi no ves a nadie aplicando razón (ra’yy) [a algún tema de religión o ley] a menos que yazca, en su corazón, un resentimiento profundamente arraigado (ghill). Por lo tanto, una narración débil [del Profeta] es más querida para mí que el uso de la razón.”
Al-Bujarí se encargaría de perfeccionar el método de recopilación a través de un mayor rigor en la isn?d (cadenas de transmisión) y de su clasificación de textos primarios y secundarios. Jonathan Brown describe como la decisión de al-Bujari de concentrarse en la compilación de aquellas fuentes consideradas como ?a??? (auténticas) rompía con las prácticas de la escuela basada en la transmisión. Eso desató una fuerte desaprobación pero en los años venideros se convirtió en apreciación al encontrarles una utilidad normativa que contribuyó al establecimiento de nuevos estándares para medir la autenticidad de otras colecciones de hadices. La nueva escala para la medición de la autenticidad fue desarrollada por el erudito al-??kim al- N?sh?b?r?, quien a través del compendio de musnad y mu?annaf de al-Sahihayn (nombre por el cual se denomina al trabajo colectivo de al-Bukh?r? y al-Muslim) logró dar mayor certeza al poder garantizar que las isn?d[ fueran sólidas.
Aunque pudiera parecer un proceso bastante natural e inclusive orgánico, la sofisticación de la ciencia de los hadices (tal y como lo advierte Jonathan Brown) en realidad poseía un elitismo inherente que chocaba con la visión más popular y ampliamente aceptada: ver la transmisión de los hadices como una forma para el musulmán común y corriente de unirse a la autoridad popularizada del profeta Mohammed e incorporar ese elemento carismático a su vida diaria. Sin embargo, a finales del califato omeya e inicios del abasida, los esfuerzos por lograr la sofisticación de la ley islámica llevaron a la nueva clase erudita a crear una división entre el resto de las masas -de lo general (‘?mm)- y los especialistas eruditos -de aquello restringido (kh???)-.
Desafortunadamente, el Imam al-Bujari no dejó constancia de la metodología aplicada a sus compilaciones de hadices; por lo que fue trabajo de sus estudiantes analizar su obra determinar el mismo. Con el paso del tiempo, y gracias a la ardua labor de los pupilos del im?m al-Bujari, su obra llegó a ser reverenciada como sagrada o como lo denominan algunos académicos: fue canonizada; adquiriendo ese estatus luego de ser “liberada” de cualquier interrogante por el reconocido sistematizador de las ciencias del hadiz, Ibn al-?al??, quien declaró que la comunidad musulmana (umma) había reconocido decisivamente la autenticidad incuestionable del libro y no se toleraría crítica alguna al Sahihayn.
Probablemente poseedor de memoria fotográfica, dado que él mismo narra que a los diez años ya tenía conocimiento de la genealogía de las transmisiones, y a los dieciséis años ya había memorizado los libros de Ibn Al-Mubârak y de Waqi´ (sabios del hadiz), también las opiniones de los sabios.
Durante sus días de estudiante es narrado que Imam Bujâri no escribía las narraciones de los hadices, sino que mientras otros estudiantes escribían, él escuchaba con atención. Narra Hashid Ibn Ismâil sobre su sorprendente memoria: “Cuando todavía Abu Abdulah (Bujâri) era un joven fue con nosotros a visitar algunos eruditos de Basora, pero él no escribía (lo que impartían los eruditos). Pasaron algunos días sin que él escribiera nada y le decíamos: “¡Tu vienes con nosotros, pero no escribes nada! ¿Qué haces entonces (para retener el conocimiento)? Después de dieciséis días nos respondió: “Ustedes me han hecho la misma pregunta varias veces, y persisten mucho en ello. Preséntenme lo que han escrito (durante el curso de dieciséis días)». Sacamos lo que teníamos, eran alrededor de más de quince mil hadices, y así como estaban en nuestros libros, él mencionó todas las narraciones de memoria, hasta que empezamos a corregir lo que escribimos respecto con lo que él decía de memoria. Después dijo: «¿Acaso piensan que al ir con ustedes (con los eruditos) pierdo mi tiempo y malgasto mis días?» Entonces supimos que no había nadie quien lo sobrepasaría (en su conocimiento)”.
Narran eruditos que en Bagdad fue probado por diez eruditos del hadiz. Cambiaron la cadena de transmisión (Isnad) y el texto de cien hadices, cada uno le relató diez, después le preguntaron a Bujâri acerca de ellos durante una reunión pública. Él decía: “No lo conozco” una y otra vez hasta que finalizaron de relatarle los hadices las diez personas, al saber que habían terminado se dirigió al primero y le dijo: “Acerca de tus hadices; el primero es así…, el segundo es así… y el tercero es así…”, hasta llegar a los diez, corrigiendo las cadenas de transmisión y el contexto del hadiz, así hizo con los nueve narradores restantes. Los hombres que presenciaron ese acto lo consideraron como un gran memorizador, no por decir los hadices correctamente, sino por haberlos memorizado con sus errores y después refutarlos. Ese acontecimiento fue relatado por muchos eruditos más.
La vida de al-Bujari no estuvo exenta de críticos. Luego de su visita a la ciudad de Ray en (donde llegó a impartir clases), sus estudiantes Ab? ??tim y Ab? Zur’a recibieron noticias de que el im?m se había suscrito a la doctrina de que el laf? (recitación física) del Corán había sido creada. Tal polémica hizo que dichos estudiantes rechazaran sus enseñanzas y años después, casi al final de su vida, le ocasionó un gran desencuentro con el erudito principal de Nishapur, Mu?ammad ibn Ya?y? al-Dhuhl?, que culminó con la expulsión del im?m al-Bukh?r? de la ciudad.
El segundo desacuerdo partió de la revisión que llevaron a cabo los eruditos de la ciudad de Ray sobre la obra de al-Bujari titulada Kit?b al-Ta’r?kh. En la cual afirmaron haber encontrado distorsiones en los nombres de los transmisores que habían sido copiados de textos no señalados, errores que le atribuyeron al im?m al-Bujari.
El gobernador de Bujará Jalid ibn Ahmad al-Dhuhali convocó a Bujari a su palacio, y se narra que le pidió a Sahih que les leyera su libro a él y a su familia, pero Bujari declinó y dijo: «Yo no humillo al conocimiento, ni lo llevo conmigo a las puertas de la gente, si usted necesita algo de mí, acuda a mi mezquita, o a mi hogar; si no le parece, ya que es el Sultán, prohíbame las clases para que así tenga un pretexto ante Dios en el Día del Juicio, porque yo no guardo el conocimiento, por la palabra del Profeta (Mahoma)» A quien se le pregunta por un conocimiento y lo oculta será sujetado con riendas de fuego”. Esto dio lugar a que Bujari fuera obligado a salir de la ciudad, y a viajar a Kazatank, una aldea situada a unos diez kilómetros de Samarcanda, a petición de sus habitantes.
Imam Al-Bujari, se asentó en Samarcanda, hoy Uzbekistán, y murió en el año 870 a los 62 años de edad.
Referencias
- Muhammad Ibn Ismail Al-Bujari. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Muhammad_Ibn_Ismail_Al-Bujari