La Habana, Cuba. – Los planes subversivos contra la Revolución Cubana son tan viejos como la misma revolución. Ya en abril de 1960, el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, Lester Malory, planificaba acciones secretas contra Cuba.

La mayoría de los cubanos apoyan a Castro. No existe una oposición política efectiva. El único medio posible para hacerle perder el apoyo interno es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria. Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica negándole a Cuba dinero y suministros con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno, afirmaba el entonces diplomático.

Desde esa fecha trece administraciones han pasado por la Casa Blanca con similar vocación subversiva.

Intenciones escondidas

A lo largo de estos últimos 62 años, la estrategia de Estados Unidos no se ha limitado a ahogarnos por hambre y miseria, sino también a ablandar a un sector de la sociedad para construir una oposición que casi siempre recibe cheques desde Washington.

Claro que ahora todo es más sofisticado, e incluso los planes subversivos contra Cuba están científicamente argumentados y diseñados por sesudos de los servicios secretos. Y esa guerra no convencional viene escondida en eufemismos como Guerra Híbrida, de Cuarta Generación, Irregular, Poder Blando, Poder Inteligente o Huella Ligera. Y hablan hasta de la promoción de la democracia, porque la idea es ocultar las malsanas intenciones injerencistas.

Pero en definitiva es la misma y vieja subversión, aunque venga ahora con lazo y envuelta en papel de celofán.