Compartir

Ninguna ciudad cubana guarda tantas huellas del paso del Che como Santa Clara. Allí, la gigantesca estatua del legendario guerrillero marca el famoso Memorial y señala un punto de obligada llegada para visitantes de todo el mundo.

En la planta baja del Memorial, un recinto que semeja una caverna y donde brilla una llama eterna encendida por Fidel, guarda los restos del Che y de 30 de sus compañeros caídos en Bolivia. En una sala aledaña, un museo atesora objetos, fotos y documentos del Guerrillero Heroico desde su nacimiento hasta su partida primero al Congo y después a Bolivia.

En otro punto de Santa Clara, un singular museo rememora la acción del Tren Blindado y en la más alta elevación, en la Loma del Cápiro, desde un monumento, la imagen del Che parece custodiar a los santaclareños.

En la memoria colectiva

La huella del Che en Santa Clara no es solo física, sino que está escondida en lo más profundo del ideario colectivo. Por eso, el joven periodista Enrique Torres, considera que el legado de Guevara está en el ejemplo “que sirve para avanzar un poco más en el hombre, en la personas que queremos ser o que queremos que sean los cubanos”.

Con más simpleza, la estudiante Lorena Rodríguez asegura que “el Che sigue dentro de cada cubano”. Para la joven museóloga Yanieski Gutiérrez, el hecho de que en la ciudad se guarden los restos del Che “implica un alto compromiso porque tenemos la responsabilidad ante el mundo de custodiarlos”.

Esa Respetuosa veneración de la gente, más allá de la trascendencia histórica, hace que 50 años después de su caída en Bolivia, Santa Clara sea una ciudad donde sin dudas aún vive el Che Guevara.