La Habana, Cuba. – Apretar más hasta que la soga reviente. Es la estrategia que Washington vuelve a usar contra Cuba para reducir a cero la satisfacción de las necesidades del pueblo, y conseguir una implosión que logre lo que Estados Unidos no ha podido en más de 60 años.
Las nuevas medidas punitivas decretadas por Washington mediante la orden ejecutiva del Primero de Mayo recrudecen el intervencionismo sobre terceros, al otorgar al Departamento del Tesoro la facultad de sancionar, incluso, a instituciones financieras que realicen transacciones con sujetos o entidades cubanas cuyos bienes, dice, estén bloqueados en virtud de esa propia orden.
En el fondo, la excusa para acometer tales ilegalidades que ponen más escollos a la posibilidad del Estado de adquirir fondos, es la mentirosa aseveración de que Cuba constituye una amenaza extraordinaria para la seguridad de Estados Unidos: otro embuste.
Tampoco quieren donaciones
Otra de las barbaridades de la orden ejecutiva del Primero de Mayo es su pretensión de impedir que lleguen donaciones a personas jurídicas o naturales cubanas que Washington haya considerado peligrosas para sus intereses.
Se trata de una medida ilegal e inhumana que se quiere legalizar con la excusa de que ello disminuiría la capacidad del poderoso presidente de Estados unidos para hacer frente a la supuesta emergencia nacional que Cuba representa para su país. Las naciones dignas no solo se resisten a sucumbir ante las mentiras.
También se resisten a obedecerlas, como lo demuestran gestos solidarios recibidos de ciudadanos estadounidenses, que son los más amenazados por el edicto imperial; la reiterada posición de China y Rusia junto a Cuba y las entregas enviadas por el ejecutivo y gente común de países como México y Viet Nam.
No todos se rinden ante las amenazas del Imperio.