Mucha gente debe preguntarse con qué derecho Estados Unidos patrulla las aguas caribeñas, bombardea lanchas acusadas de transportar drogas sin demostrarlo, asesina a sus tripulantes, y ahora declara el cierre del espacio aéreo de un país que no es el suyo.
Prohibir los vuelos en los cielos venezolanos es una medida tan ilegal como el despliegue militar en el Mar Caribe, y significa otra vuelta de tuerca en las presiones sobre Venezuela.
Al unísono con la insólita orden dada a naves aéreas extranjeras —lo que constituye una acción extraterritorial que burla la soberanía de terceros—, Trump volvió a anunciar incursiones terrestres… supuestamente, para impedir el tráfico de drogas.
De modo contradictorio, el jefe de la Casa Blanca ´dijo a la prensa haber sostenido un diálogo telefónico con Nicolás Maduro, a quien le endilga el falso delito de dirigir el inexistente cártel de Los Soles.
Cruzada contra la región
Los fines políticos de la cruzada estadounidense contra el narcotráfico están cada día más a la vista, así como es visible que Venezuela no es la única amenazada.
La pretensión final de la Casa Blanca es fortalecer su presencia militar en la región y desalojara los gobiernos incómodos, a los que quiere satanizar tildándolos de narcoterroristas.
Expertos estadounidenses han identificado su estrategia como la añeja Doctrina Monroe actualizada. Su asedio sobre el Caribe comienza a ser debatido en el propio Congreso, donde más voces opinan que una acción armada contra Venezuela demandaría una autorización formal de guerra.
Las inquietudes crecieron con la denuncia de que el secretario de la Guerra, Pete Hegseth, ordenó el remate de una de las lanchas atacadas por los marines, lo que fue negado por Trump. Los cuestionamientos acerca de las ilegales acciones en el Caribe se incrementan.