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Hace 69 años, el 30 de julio de 1957, la dictadura de Fulgencio Batista segó la vida de Frank País García y Raúl Pujols; en honor a los caídos en esa fecha, Cuba conmemora el Día de los Mártires de la Revolución.

Cuando el 3 de diciembre de 2016 la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde describía la llegada a Santiago de Cuba de las cenizas de Fidel, magistralmente reparó en la gente que en calles, plazas y balcones llevaban los brazaletes rojo y negro del Movimiento 26 de Julio. Santiago es una lágrima, escribía porque el retorno eterno de Fidel recordaba estremecedoramente las jornadas rebeldes de esa ciudad.

Ese día, relató Elizalde, los mártires de Santiago de Cuba aparecieron una y otra vez ante el lente de los periodistas. Bajo el sol inclemente de ese mediodía, un anciano abrazaba una imagen de Frank País, aquel joven brutalmente asesinado junto a Raúl Pujols el 30 de julio de 1957; los cuerpos fueron acompañado por todo Santiago hasta el cementerio de Santa Ifigenia.

Frank tenía entonces solo 23 años y su muerte alzó la ciudad y provocó una huelga general que duró ocho días.

De regreso al Callejón del muro

Aquella foto de Frank inerte, aquel silencio después del aluvión de balas, aquel Callejón del Muro todavía recuerdan que Santiago fue una ciudad ensangrentada, de muertos aparecidos en las esquinas a los antojos de la tiranía de Fulgencio Batista.

El 30 de julio de 1957, a las cuatro de la tarde aproximadamente, esbirros de la dictadura les cortaron el paso a Frank País y Raúl Pujols; ambos transitaban por la calle San Germán en Santiago de Cuba. En el registro le ocuparon una pistola a Frank y en un jeep los condujeron hasta el Callejón del Muro.

Ese día, relató en su testimonio a Cubadebate el contralmirante José Luis Cuza Téllez de Girón, amigo de Frank País, ?mi compañera de la lucha clandestina en Santiago de Cuba, Madeline Santa Cruz Pacheco, quien vivía en San Germán esquina a Callejón del Muro, vio todo lo que sucedió desde uno de los ventanales del costado de su casa que daba para el Callejón:

´Estaban Frank y Pujols sentados en el jeep cuando llegó Salas Cañizares vociferando y amenazando con su carabina M-2 con la culata recortada. Randich se acercó al jeep y miró a Frank, le quitó los espejuelos oscuros y al reconocerlo le dijo a Salas: ¡Coronel, este es Frank País!… ¡Este es Frank País, Coronel!.

Respeto y reverencia

´Al oír esto Salas fue al jeep y agarró a Frank por la camisa vociferando palabras obscenas y con la culata del M-2 lo golpeó en el pecho. Frank fue a dar contra la pared de enfrente.

´Raúl se había bajado del jeep y le gritó a Salas que no lo golpeara y, además, le llamó cobarde. Los matones escoltas de Salas golpearon brutalmente a Pujols, que cayó inconsciente en la acera de la Calle San Germán, adonde fue Salas y le ametralló toda la espalda con una ráfaga larga. Se viró para donde estaba Frank y le tiró los últimos proyectiles que le quedaban y, mientras colocaba otro cargador, le ordenó a Mano Negra, a Basol y a los demás asesinos que le tiraran a Frank, quien cayó boca abajo al recibir los múltiples impactos. Volvió Salas sobre sus pasos hacia el Callejón del Muro y ametralló en el suelo y por la espalda el cuerpo de Frank País´».

¡Veintidós balazos recibió en su cuerpo! En Santiago de Cuba se hizo un silencio sepulcral, de respeto, de reverencia.

A la vuelta de 69 años, regresa el mismo silencio, en la memoria queda aquel cortejo fúnebre desde la casa de su novia América Domitro, en la calle Clarín, rumbo al cementerio de Santa Ifigenia. Sobre el pecho de Frank, un brazalete del 26 de Julio.

Memoria histórica

Custodiado por la multitud, el hijo de doña Rosario; esa mujer que tiempo después relataría: ?No está bien que yo, que soy su madre, lo diga, pero era una joya (?). Cada Día de las Madres a las 5 de la mañana entraba a mi cuarto, seguido de sus hermanos. Me despertaban con una canción. Me regalaban flores”.

En la memoria todavía el alma de aquel maestro que recorrió Santiago de Cuba en busca de los sobrevivientes del asalto al Cuartel Moncada; el organizador del alzamiento del 30 de noviembre de 1956 y fundador de las agrupaciones Acción Liberadora Nacional y Acción Revolucionaria Oriental.

En la memoria, el combatiente que envió pertrechos de guerra a la Sierra Maestra para los rebeldes; incluso, escaló sus montañas para encontrarse con Fidel, el jefe del Movimiento 26 de Julio que, en carta a Celia Sánchez, fechada el 31 de julio de 1957, apuntaba: “¡Qué monstruos! No saben la inteligencia, el carácter, la integridad que han asesinado”.

Por ello, la inmensa muchedumbre. Más de veinte cuadras compactas de pueblo y de banderas cubanas y del 26 de Julio, flores que caían de todos los balcones. En el aire voces y versos y el Himno Nacional en la garganta de todos.

Tomada de Invasor