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La Habana, Cuba. – Mientras Estados Unidos sigue erizando de armas el Mar Caribe, Europa, que ya dio signos de recordar los ancestros que dejó durante la mal llamada conquista, ha abogado con latinoamericanos y caribeños por la cooperación y el respeto a la soberanía.

Luego de instaurarse las cumbres iberoamericanas en 1991 -con la presencia de España y Portugal-, el foro entre la Unión Europea y la CELAC es la segunda instancia en que los países de nuestro hemisferio, sin incluir a Estados Unidos, se reúnen con las naciones del Viejo Continente.

Resulta muy simbólico que la cita que adoptó su declaración final este domingo en la también llena de simbolismo ciudad de Santa Marta, mostrase la voluntad de diálogo y de colaboración que prima en los nexos entre ambas partes, y que brilla por su ausencia en la forma en que Washington intenta volver a tratar a sus vecinos del sur como su traspatio.

Mala estrategia

Lejos de recuperar terreno en América Latina y el Caribe, la administración republicana pierde credibilidad y adeptos con la política de fuerza que emplea hacia la región.

Su revitalización de la Doctrina Monroe, que ha vuelto a poner en la palestra con un uso descarado de la injerencia, flagrantes violaciones a la soberanía, desconociendo nuestra historia y amenazando con la intervención militar, une a nuestros pueblos, independientemente de los acólitos siempre dispuestos a rendirle pleitesía.

El fracaso de la proyectada Cumbre de las Américas, convocada por Washington, es una muestra de que ya la totalidad de la región no se doblega.

En ese contexto, la Cumbre Celac-Unión Europea, con la presencia de países satanizados y perseguidos por la Casa Blanca como Cuba, Nicaragua y Venezuela, es una reivindicación del derecho de nuestros pueblos a ser, y a que se respete cómo queremos ser.