La Habana, Cuba. – La profunda transformación que vive la economía nacional ha permitido que las empresas estatales adopten una nueva forma de repartir los salarios.

Ahora, por una decisión gubernamental, en ese sector se ha eliminado la obligatoriedad de aplicar la escala salarial. También se borró el límite a la distribución de utilidades y se implementa una parte fija asociada a la escala salarial y otra móvil que tiene que ver con los resultados o el destajo.

Esas decisiones buscan, además de beneficiar a los trabajadores, poner a las entidades del estado en igualdad de condiciones con las que operan en el sector privado o cooperativo.

Son medidas que apuntan al aumento de la productividad y la eficiencia y que tienen un reflejo directo en los bolsillos de los trabajadores, que pueden ganar más, cuando más hacen.

Hacer más

Las nuevas medidas gubernamentales sobre el salario no pueden llevar a pensar que los trabajadores de las empresas estatales ganarán más haciendo lo mismo. Y mucho menos que sus salarios engordarán a costa del incremento de los precios de los bienes que producen y venden.

El salario tiene que tener un respaldo productivo e incluso una disminución de los costos, y bajo ningún concepto puede ser un falso premio, que haga crecer la masa monetaria en circulación.

La inflación que nos agobia y que vacía nuestros bolsillos no puede ser el destino final de ese aumento salarial. Esa es una responsabilidad de los empresarios y de los sindicatos para evitar que la medida se adultere y sus efectos sean contrarios a lo esperado.

Hay que producir más para ganar más y ofrecer más bienes al mercado interno. Solo así la inflación será un mal recuerdo.